Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
¿La comida del futuro?
La población mundial crece a grandes marchas, especialmente impulsada por las altas tasas de natalidad en los países orientales como China e India. Actualmente somos unos 7.000 millones de personas en el mundo, pero según las previsiones de la ONU alcanzaremos los 9.000 millones hacia el año 2050.
Ante este incremento demográfico tan considerable, la reflexión filosófica sobre el control de la población regresa doscientos años atrás, y volvemos a encontrarnos con Malthus y su teoría sobre los problemas para conseguir el alimento. El ser humano ha cambiado mucho en estos dos últimos siglos, especialmente en los últimos 50 años, desde que comenzara a crear tecnología, para mejorar y optimizar los recursos de alimentación.
Una gran solución a esto es incrementar el rendimiento de la tierra, mejorar las cosechas, enriquecer los productos para suplir deficiencias alimentarias… Y todo este trabajo lo hace desde entonces la Biotecnología Agrícola y Vegetal, que simplemente busca optimizar la productividad de los cultivos por técnicas de mejora genética
Con una gran implantación de estas nuevas variedades vegetales, dejaríamos de tener pérdidas por infecciones de cosechas, ahorraríamos en herbicidas, reduciríamos el arado de los campos, podríamos tener suplementos vitamínicos en alimentos diversos para conseguir una dieta equilibrada en comunidades que se nutren sólo de dos 2 ó 3 productos…
Si todo parecen ventajas, ¿por qué no se da el salto y la implantación definitiva de estos productos? La respuesta: el miedo a lo desconocido. Esta es la razón fundamental que frena a los hombres y a las mujeres en muchas decisiones de su vida. Pero claro, quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir. Y no hablo de asumir riesgos inútiles, hablo de no negar la mayor en cuanto se nos plantea algo que sale de lo tradicional, hablo de abrir las puertas a la explicación de la agricultura del siglo XXI.
Estados Unidos aprobó la comercialización de alimentos transgénicos hace 20 años, y desde entonces las cifras hablan por sí solas, los beneficios económicos para agricultores y empresas del diseño de estas plantas se han visto aumentadas en un 7 por ciento y, de momento, ningún caso de enfermo por haber consumido estos productos. Más tarde se sumaron unos cuantos países de América latina a estos cultivos y luego India y China, precisamente para combatir problemas alimentarios.
Y mientras tanto, en la Unión Europea, silencio y espera. Estamos mirando cómo se nos va escapando el tren del progreso, el tren de la tecnología y de la exportación alimentaria. La Unión y los gobiernos de los países miembros no son capaces de dar el salto definitivo. España decide desmarcarse un poco de la línea anti-transgénica de Bruselas, y empieza a comercializar uno de los productos con más trayectoria, el maíz Bt, que permite un rendimiento del 100 por ciento de los cultivos, ya que es resistente a la infección por el insecto Taladro que reducía la productividad al 60 por ciento de lo sembrado. Junto a España se unen posteriormente Suecia, Alemania, Rumanía y la República Checa, pero con un número de hectáreas cultivadas muy bajo.
Aún así, el veto general sobre todos los productos transgénicos no se levanta, y es porque hay muchos intereses políticos detrás. Es incomprensible, que decisiones como ésta la tomen legisladores con ninguna formación en Ingeniería Genética, que solo respondan a programas electorales por tratar de atraer a determinadas organizaciones para tener su voto. El incremento de nuestro sector primario pende de un hilo que se llama Biotecnología, y es por ello, que reclamo la entrada de expertos en las comisiones que toman estas decisiones.
Es bueno informar a la ciudadanía de lo que hay, pues el hablar de modificar genes a parte de la población le suena a desarrollar cáncer, a enfermedades intratables y daños irreparables. Los estudios de toxicología están ahí (véase el informe de la Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades transmitidas por los Alimentos en 2005) y no encuentran problemas a pesar de la insistencia de muchos grupos en buscar errores donde no los hay. Lo único que se hace es cambiar una proteína de la planta por otra también de origen vegetal o bacteriano que la hace más competitiva con el medio ambiente, que la ayuda a sobrevivir.
Parece que España camina ahora hacia el nuevo horizonte; el ministro de Agricultura Arias Cañete ha insistido a la Comisión Europea que retire de forma total la moratoria de los transgénicos, pero en Bruselas siguen a lo suyo. España tiene terreno fértil, España tiene tradición agrícola como para convertir la Biotecnología Vegetal en el motor que impulse el nuevo modelo de crecimiento, el que busca generar riqueza innovando, creando y vendiendo ideas que resulten atractivas.
No dejemos escapar este tren porque no vuelve, pues ya lo dice el proverbio: “El futuro pertenece a los que se preparan para él”.





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