Día Domingo, 18 de Enero de 2026
El E.I. dueño y señor del miedo
Fue un profesor norteamericano, S.P. Huntington, quien, en una obra titulada “choque de civilizaciones”, predijo en 1996 lo que hoy parece ser una realidad: el conflicto de dos civilizaciones.
Explicaba, que una vez acabada la guerra fría, tras la caída del muro de Berlín y el comunismo, el nuevo frente geopolítico mundial derivaría hacia un choque de civilizaciones. Predecía un enfrentamiento entre la civilización occidental (que incluye a EEUU, Europa, Australia y Canadá) y otra. La guerra fría e ideológica de dos mundos desaparecía para dar paso a un nuevo frente cultural y religioso, donde los conflictos serían constantes en las zonas de fractura (las fronteras entre dos culturas o civilizaciones). Y auguraba, que la islámica sería la civilización más problemática por cuestiones demográficas y por la visión religiosa que tenían del mundo y de sí mismos. Las críticas arreciaron desde ámbitos intelectuales, políticos y filosóficos, pero como siempre ocurre, el tiempo da y quita razones.
Occidente, que es la civilización más poderosa, moderna y plural de todas, desde el punto de vista político, social y económico, siempre ha estado convencido de que la democracia, la pluralidad, el laicismo de sus estados, la ley y el estado de derecho, son fuente de paz y no de guerra. Pero hoy, tras el criminal atentado del estado islámico en París, ese convencimiento se ha desvanecido: esto es una guerra (Hollande).
Mientras nosotros seguimos defendiendo la libertad, la tolerancia, la solidaridad, la democracia, poniendo paños calientes a una realidad que nos invade, ellos -que son creyentes, fanáticos, súbditos de sus imanes- alimentan su mejor arma de destrucción: la fe. Nosotros tenemos armas tecnológicas, tenemos a la OTAN, tenemos drones, cascos azules, pero ellos tienen una herramienta que contrarresta a todas las nuestras: la religión. Se están aprovechando de nuestra civilización, de nuestras leyes, de nuestras ideas, de nuestra cultura y forma de vivir, para desestabilizarnos, dividirnos y amenazarnos. Nos están invadiendo porque saben de los problemas demográficos de la vieja Europa, saben que nuestra cultura no puede sustentarse a largo plazo sin nuevas generaciones.
Mientras creamos que ellos son solo unos pocos terroristas organizados, que nosotros somos los buenos y acabaremos ganando, seguirán atentando y amenazándonos. Todas las civilizaciones, incluida la nuestra, matan por lo mismo: los intereses económicos, territoriales y el poder, pero es que ellos, el estado islámico (EI), que nos ve como una civilización perversa, corrupta, enferma, además de por eso, matan principalmente por expandir la sharia (la ley islámica) por todo el mundo.
Nuestra cultura es individualista, pluralista, basada en los derechos humanos, en la democracia y la libertad de culto. Y estas son ideas nuestras, europeas, nacidas de la Ilustración, pero no son ideas islámicas, ni asiáticas, ni chinas, ni africanas. Jamás entenderán nuestro modo de pensar y nuestro modelo de convivencia, como nosotros nunca entenderemos el suyo. ¿Tan difícil es esto de entender?
Hemos hecho de casi todo lo deseable un derecho, y ahora que la sociedad occidental está en crisis, que millones de ciudadanos han caído en la pobreza, que la economía se convirtió en una economía de casino, y que la política se ha tenido que arrodillar ante el dinero, ahora, que somos menos fuertes, ellos aprovechan su poder humano y su fanatismo religioso para desestabilizarnos. Saben que nos dividiremos entre los que exigen leyes más duras y medidas extremas y los que defienden lo contrario.
En Europa hay 52 millones de personas de origen musulmán que procrean siete veces más (en proporción) que los europeos. Esta es la cruda realidad. Ellos lo saben y provocan la islamofobia para dividirnos. O revisamos nuestros esquemas mentales y nuestras leyes, y formamos alianzas internas y externas para defender lo nuestro, para proteger nuestra cultura, nuestras ideas, o acabarán por dividirnos, haciendo saltar por los aires nuestro modelo de convivencia.
El ser humano siempre se ha sentido intranquilo cuando alguien ha invadido su espacio. Es puro instinto animal que promueve la desconfianza, el temor y, por último, el rechazo. Tras cada atentado yihadista, la palabra musulmán provoca reacciones negativas en nuestro cerebro y… prejuicios. Y esto, unido a la situación de crisis y pobreza real que sufre una parte de la población, lleva inexorablemente a que la calle manifieste su rabia, guste o no guste, sea justo o injusto, ante un colectivo que no es considerado un igual, sino un extranjero que compite por las ayudas sociales y económicas que proporciona nuestro sistema. La calle no necesita ser políticamente correcta. Dice lo que piensa. Ve la realidad de un colectivo que no se integra, que su inmersión en nuestra cultura se limita a copar las colas del INEM, o la de los servicios de ayuda social. Aunque toda generalización acarree injusticia, esta es la cruda realidad que se vive en la calle. La otra, es la de que el E.I. es dueño y señor del miedo.
Locke, fue el filósofo que fundamentó el principio de la tolerancia, algo que Voltaire defendió de forma radical, pero la paradoja de la tolerancia, como explicó en un libro titulado “la sociedad abierta y sus enemigos”, Karl Popper, es que si no se la defiende de la barbarie intolerante, ésta acabará por destruir a los tolerantes.




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