Los partidos emergentes, los nuevos santos laicos

Luis Represa

Las sociedades débiles, confusas y mentalmente anoréxicas como la española, sufren el síndrome de Saladino, aquel caudillo musulmán que se enfrentó a los cruzados al mando de Ricardo Corazón de León.

El síndrome básicamente consiste en no hacer nada y esperar a que aparezca Saladino en su caballo verde para solventar los problemas.

 

Ahora, el Saladino que gran parte de la sociedad española espera tiene el rostro de Rivera o Pablo Iglesias, y el caballo verde se llama Ciudadanos o Podemos.

 

Apoyados por una campaña mediática y audiovisual sin precedentes, los vemos en todas las tertulias y a todas horas con ese insufrible aire de superioridad moral  (parecen de UPyD), exigiendo regeneración ajena, y mostrando que carecen de abuela, bisabuela y tatarabuela, con su alabanza continua a sí mismos sin haber demostrado nada y sin -como dicen los argentinos- haber empatado con nadie.

 

Alardean de su prístina pureza, y con su “nosotros somos distintos” parece que la ética y la moral empieza y acaba en ellos, son el alfa y omega de lo perfecto.

 

Sin embargo; uno ya tiene cierta edad, y no puede por menos que acordarse de aquellos socialistas del setenta y tantos, tan jóvenes y tan simpáticos, diciendo exactamente las mismas cosas. Recuerdo especialmente a ese fatuo sabelotodo de Alfonso Guerra gritando en los mítines aquello de "nosotros meteremos la pata, pero no la mano”, entre aplausos de aquellos jóvenes  emocionados, que son los padres de estos votantes adolescentes de ahora, igualmente emocionados, con las consignas y berridos, del  Moisés con coleta.

 

La historia ya es sabida, estos lectores de Machado y de Lorca, tan sufridos ellos, se corrompieron y cambiaron de casa, coche y compañera.

 

Ya lo dijo Carlitos Cano "el mismo que decía ¡compañero a luchar!, en la gastronomía encontró su ideal".

 

Algunos no olvidamos, ni la guerra sucia del Gal, con sus penas de muerte, sin juicio, ni las escuchas ilegales, ni las filesas, ni la tomadura de pelo de la 'OTAN no, pero sí con matices'.

 

La diferencia ética entre los partidos que se denominan nuevos y viejos reside únicamente en que a los viejos se les ofreció la manzana de la corrupción y la mordieron, básicamente porque tuvieron la oportunidad de corromperse. Los nuevos todavía no  han tenido oportunidad, lo prudente sería esperar y ver, antes de emocionare con sus posturitas de San Francisco de Asís y Teresa de Calcuta.

 

Quién se pone como ejemplo de ética y moral pública deberá atenerse a las consecuencias y comportarse como tal. Ellos se han puesto el listón muy alto, ahora corresponde ser coherentes y ver como reaccionan.  Lo racional es ofrecerles una oportunidad, pero no darles un cheque en blanco, y no dejarles pasar ni una, pues así se lo han ganado ellos con sus sermones, prédicas y homilías.

 


En principio, el comportamiento de uno de los partidos nuevos, en concreto de Podemos, racionalmente invita a pensar más, en una gigantesca estafa electoral. En  un partido despreciable cuyo líder solicita la excarcelación de los etarras mal nacidos mientras  niega el apoyo a los demócratas venezolanos encarcelados por motivos estrictamente políticos.

 

Un partido cuyo líder hace el payaso bailando el día del orgullo gay en defensa de los derechos de los homosexuales, a la par que vende sus programas a la televisión pública de Irán, esa dictadura violenta y homófoba que hace bailar a los homosexuales en la cuerda donde los ahorcan.

 

A estos comportamientos el líder ético y regeneracionista lo llama "cabalgar las contradicciones".

 

Uno no ve nada nuevo en la concesión de la beca de forma digital a Iñigo Errejón, sin concurso público, y luego presentar como candidato a quien concedió la beca, uno juraría que eso suena a tráfico de influencias y descarado amiguismo .

 

La defensa a ultranza de su candidato en Jaén condenado por propinar una brutal paliza a un concejal socialista lo convierte en un defensor práctico de "la dialéctica de los puños y las pistolas", con lo cual su actitud falangista, fascista matonesca, no es precisamente compatible con sus trompeteos de regeneración, flores y paz para todo el mundo.

 

Si hablaran en nombre de la eficacia o de la revolución impecable e implacable no habría problema, pero que no nos cuenten cuentos, de la decencia, la moral y la ética, haciendo como que se emocionan. Para farsantes de la vida pública ya tenemos a PP y PSOE, que por lo menos ya no engañan, porque no pueden: los ciudadanos les han calado, y les votan sabiendo que si les dan la mano después se cuentan los dedos, no esperan nada de ellos y por eso no pueden defraudar.

 

Entristece ver a ciudadanos, especialmente jóvenes, que piensan de verdad, con honestidad, que los dirigentes de Podemos son distintos, y uno piensa con tristeza, incluso con ternura, en la decepción que les espera.

 

La vida rueda y gira, y quizás dentro de treinta años estos jóvenes a los que les aguarda la decepción y el engaño, verán a sus hijos emocionarse con algún líder mesiánico cínico y caradura, pero televisivo y cibernético, y entonces pensarán en sus padres, emocionándose con los sociatas, y su ética machadiana, pensarán en sí mismos emocionándose con Pablo iglesias y Monedero, y se darán cuenta que a lo mejor tenía razón Jaime Gil de Biedma, y que "de todas las historias de la historia la más triste sin duda es la de España".

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