Del Viernes, 13 de Febrero de 2026 al Miércoles, 18 de Febrero de 2026
La socióloga urbana italiana Irene Renaldi ha lanzado una campaña en internet que recoge firmas para abrir al público el Monte Testaccio, de Roma (Italia), el principal objeto de estudio del historiador abulense, natural de Madrigal de las Altas Torres, Emilio Rodríguez Almeida.
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La plataforma change.org alberga esta campaña que aspira a recoger 5.000 apoyos que se entregarán al Ayuntamiento de Roma, con el reto de poder abrir, la próxima primavera, este monte creado a partir de los restos de las ánforas en las que se trasladaba el aceite desde España hasta la capital del Imperio, que se formó entre los siglos I y III después de Cristo.
Para ese momento, se quiere realizar un acto con estudiosos italianos y de otros países, con el fin de hablar de este sitio arqueológico “único” que puede ser considerado “la octava colina de Roma” y que recibe el nombre de Monte Testaccio o Monte dei Cocci (fragmentos), considerado el primer “vertedero” de la historia de la ciudad.
El monte comenzó a ser objeto de estudio a finales del siglo XIX, aunque sus dimensiones han hecho difícil examinarlo al completo. No obstante, a través de los restos que allí se conservan, ha sido posible reconstruir la historia del comercio en el Imperio Romano.
En este sentido, la petición lanzada desde Roma pide no sólo al Ayuntamiento romano sino también a la Superintendencia Arqueológica de Lazio la convocatoria de un concurso público para la concesión, a asociaciones del territorio, de la gestión de activos que permitan la promoción turística de esta zona arqueológica que fue objeto de investigación del historiador Emilio Rodríguez Almeida.
De hecho, fue en 1968 cuando Rodríguez Almeida retomó los estudios que se habían iniciado a finales del siglo anterior sobre esta colina y planteó la hipótesis de que el monte era el resultado de una descarga organizada en sucesivas fases de acumulación, pues primero se hacía una fila de ánforas a las que se les rompía la base, para hacer el depósito más estable y así, se iban creando pisos superpuestos.
Se calcula que en la zona se acumularon más de 24 millones de ánforas que transportaron 173 millones de litros de aceite desde la Península Ibérica.





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