Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
Ávila nevada en la pintura de Juan Antonio Piedrahíta
Gracias a la pintura de Juan Antonio 'Piedrahíta' que se expone en El Episcopio durante el mes de octubre sabemos que a partir de ahora siempre habrá nieve en Ávila. Así, en la vieja ciudad mesetaria de clima mediterráneo continental y cercada por las estribaciones de Gredos y Guadarrama, las cumbres blancas de estas sierras toman asiento en los murallones medievales trasladándonos por un instante a tierras glaciares.
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La riqueza plástica de sus cuadros y la quietud de la blancura que destellan convierten a Ávila en lugar de nieves perpetuas. Y ello cobra especial significado hoy, cuando últimamente apenas nieva en contados días del invierno.
La armonía del paisaje nos presenta la pureza, la limpieza y la tranquilidad de una ciudad detenida en el tiempo donde la nieve es el motivo pictórico que propicia el redescubrimiento de sus valores monumentales mezclados con pequeños detalles pétreos, terrosos y vegetales y con otros elementos de la actualidad.
ÁVILA NEVADA es el título de la exposición que muestra la recreación plástica que hace de la ciudad amurallada el pintor abulenses Juan Antonio Piedrahíta desde poniente y velada por la blancura que todo lo cubre.
ÁVILA NEVADA es la ciudad iluminada con texturas lechosas de nieve en el quinto centenario del nacimiento de la monja Teresa de Cepeda y Ahumada, trabajo que ha realizado Juan Antonio Piedrahíta y que nos evoca la multitud de Ávilas que describimos.
ÁVILA NEVADA es la ciudad renacentista que imaginan los infantes y caballeros abulenses que luchan con los tercios en las tierras heladas de Flandes las cuales ya habían sido motivo pictórico en las miniaturas de los Hermanos Limbourg al final de la Edad Media.
ÁVILA NEVADA es la ciudad cubierta de blanco en la misma la panorámica que hizo Anton Van de Wyngaerde en 1570 por encargo de Felipe II desde el cerro de San Mateo, época ésta del máximo esplendor abulense que conoció Teresa de Jesús.
ÁVILA NEVADA es la ciudad barroca que asemeja a aquellos paisajes urbanos nevados que los pintores flamencos (Pieter Brueghel -el Viejo y el Joven-, Jacob Grimmer, Hendrick Avercamp, etc.) convirtieron en género cuando una amenazante glaciación asoló Europa en el siglo XVII.
ÁVILA NEVADA es la ciudad en la que situamos las inclemencias atmosféricas de la “Oda a Felipe Ruiz” que canta Fray Luís de León, el poeta agustino editor de las obras de Teresa de Ávila fallecido en Madrigal de las Altas Torres:
“Las soberanas aguas
del aire en la región quién las sostiene;
de los rayos las fraguas,
dó los tesoros tiene
de nieve Dios, y el trueno dónde viene”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que describió el soldado y escritor Marcel Limouzín cuando compañaba al ejército francés del general Hugo que invadió estas tierras:
“Ávila, era agradable en verano, es muy triste en invierno. Altas murallas, aún bien conservadas, la rodean y están unidas entre sí por un número considerable de torres. […]
Abundantes nieves la cubrían entonces, y durante la noche escuchábamos el aullido de los lobos que venían a merodear alrededor de la ciudad”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que, en tiempos de la guerra civil, abre las calles de nieve con presos políticos mientras soldados alemanes pelotean en el lienzo norte, época en que la nieve también llegó al frente cainita que recuerda el poeta Miguel Hernández:
“Nieve donde el caballo que impone sus pisadas
es una soledad de galopante luto.
Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas,
de celeste maldad, de desprecio absoluto (…)
Sobre la nieve
blanca, la vida roja y roja
hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que adivinamos en el libro de Azorín dedicado al pueblecito de Riofrío donde se desgranan las sonoras campanadas de la catedral entre el silencio de la nieve que va cayendo.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que galardona a los escritores con el “Premio las Letras Teresa de Ávila”. Ellos nos dejaron los siguientes versos:
“La nieve puso un dedo entre los labios”.
(Leopoldo de Luís).
“Mientras caiga la nieve y los pájaros vuelen (…),
yo te estaré queriendo, vida mía, en la sombra”.
(Luís Alberto de Cuenca).
“La nieve en los ojos.
La nieve, dueña ya,
del cielo y de la tierra”.
(Antonio Colinas).
ÁVILA NEVADA es la ciudad que imaginamos en el libro “Orbes del sueño” de la premiada teresiana con las Letras de Ávila Clara Janés donde se mezclan poemas e imágenes de revelación íntima entre la nieve, el blanco y el frío que nos acerca al enigma del cosmos y el hombre.
ÁVILA NEVADA es la ciudad convertida en portal navideño que bien rememoramos en los villancicos de su hijo adoptivo José Hierro:
A este paisaje bordado
el silencio lo hace irreal.
Pirotecnia vegetal
Evaristo lo ha incendiado.
¿Pasarán, habrán pasado
los Magos y los pastores?
Música de nieve y flores.
Pero el niño sólo oía,
desde el vientre de María,
cantos de ángeles cantores.
ÁVILA NEVADA es la ciudad de mirada limpia y crujiente que se nos aparece igual que al caminante Antonio Gamoneda:
“La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia
como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y en las miradas
mientras camino sobre la nieve”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad fugaz en invierno, una estación blanca bellamente pintada por Goya cuando andaba por tierras abulenses del Corneja coloreando los tapices de las cuatro estaciones.
ÁVILA NEVADA es la ciudad impresionista captada con igual sentimiento con el que atraparon el frío helado y la nieve plúmbea los pintores Cézanne, Gauguin, Monet y Pisarro y Van Gogh.
ÁVILA NEVADA es la ciudad helada que pintó Tomás Campuzano y grabó Bernardo Rico Ortega acompañando al arquitecto Repullés cuando éste estaba escribiendo sobre la muralla, la catedral, la basílica de San Vicente y otros monumentos, lo que publicó en “La Ilustración Española y Americana” en 1888.
ÁVILA NEVADA es la ciudad cuyas cumbres lejanas pintaron Martínez Vázquez, Benjamín Palencia y Díaz Castilla. Lo mismo que hicieron los pintores que pasaron por Ávila: Regoyos y Sorolla, retratistas de la sierra de Guadarrama con caperuza blanca, Vázquez Díaz, autor de “La fábrica dormida” entre montañas nevadas, y Diego Rivera que “apaleó” el blanco de los paisajes mexicanos de Iztacalco.
ÁVILA NEVADA es la ciudad en la que se vio atrapado el pintor Güido Caprotti, y tal fue la atracción que aquí se quedó para siempre dejándonos hermosas y numerosas estampas de blanca nieve y frías piedras monumentales.
ÁVILA NEVADA es la ciudad incomunicada con la línea del ferrocarril en construcción cuyo recorrido desde El Escorial a Sanchidrián tuvo que hacer en diligencia el escritor danés Hans Cristian Andersen y esperar la llegada del tren en medio de una tempestad de nieve y después de una noche fría y lúgubre del invierno de 1862.
“Resopló la locomotora y con la claridad del amanecer salimos corriendo por la gran llanura. La nieve caía formado pequeños montículos. Aquí veíase un viñedo, allá un pino solitario; pensaba sin duda como yo: ¿Estoy realmente en España, en un país cálido?”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad donde los trenes se estancaban por la nieve, siendo frecuente noticia por ello en los sucesos de la prensa decimonónica, y motivo de su representación gráfica en la que se afanaron Bernardo Rico y otros grabadores de la prensa ilustrada.
ÁVILA NEVADA es la misma ciudad donde se respira el frío que pintó Juan Echevarría con mezclas violetas y azules que cubren el pálido caserío amurallado. Igual que Picasso trazó tipos que reflejan la melancolía de los días gélidos. Todo contrasta con la emoción que despierta la alegría de la nieve.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que se apareció al escritor y viajero Miguel de Unamuno en 1921, antes de que el invierno la tiñera de blanco:
“Encendida por el rojo fulgor del ocaso del sol que abermejaba sus murallas, en una rotura de un día aborrascado. El ceñidor de las murallas de la ciudad subía a nuestros ojos; a un lado de él, fuera del recinto de la urbe, la severa fábrica de la basílica de San Vicente, y en lo alto, dominando Ávila, la torre cuadrada y mocha de la catedral. Y todo ello parecía una casa, una sola casa, Ávila la Casa”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad pétrea que avistaba Santayana cuando venía en tren desde París antes de llegada de las nieves invernales:
“Las perfectas murallas de Ávila en suave declive hacia el lecho del río invisible, con todos sus baluartes reluciendo claramente a los horizontales rayos del sol y la torre catedralicia en el centro, sobresaliendo sólo un poco sobre la línea de las almenas y no menos imperturbablemente sólida y grave. La piedra, bajo esa luz solar horizontal, tomaba un tinte dorado precioso y casi jovial frente a las rocas negruzcas y las cuestas áridas de los cerros descendentes, sólo aliviados aquí y allá por franjas de álamos o encinas de un verde oscuro”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad fría y soñada por José Agustín Goytysolo y lugar de destino del viajero enamorado:
“Si te sueño te veo
Ávila fría” (...)
A pesar de la nieve iré
y te encontraré.
Por el puerto de Tornavacas
cruzaré hasta Ávila”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad silenciosa, amada y pura del poeta Leopoldo Panero:
“Vaya en silencio mi palabra.
Como la nieve al descender
duerme la luz, para que abra
la fe mi sueño y pueda ver”.
“Mi sueño son y mi total tristeza;
y mi límite son frente a la nada;
y es a mi consuelo amar, Ávila pura…
¡Qué la nieve defienda tu pureza,
el agua tu quietud amurallada,
y tu absoluta paz la noche oscura!”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad navideña que añora el escritor abulense José Belmonte:
“Se me agolpan recuerdos de aquellas navidades en Ávila, al abrigo del brasero de cisco removido con la badila, -cuando la ceniza se pegaba a la badila, nevada al canto”.
ÁVILA NEVADA es también la ciudad de fría nieve que describió el historiador benedictino Fray Justo Pérez de Urbel:
“Ávila de los Santos y de los cantos, panera, baluarte, muralla; pero también drama, poesía, leyenda, la leyenda propia de una tierra fuerte y compacta, que es aire puro y nieve fría, y almena y blasón y altivez y bravura”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que tiene por faro el tañido del zumbo de San Juan que orienta a los perdidos en la nieve.
ÁVILA NEVADA es la ciudad panorámica y colorista descrita por el cronista y dibujante Antonio Veredas en su libro “Cuadros abulenses”:
“Ávila entre nieves y hielos ofrecía panoramas y cuadros verdaderamente grandes, singulares, maravillosos (…)
Aquí, debido sin duda a luminosas refracciones, a los accidentes del terreno y a puntos de vista, destácanse como en parte alguna esos períodos de las nevadas que podemos titular blancos, rosas, azueles y pardos.
Y es la gran duda mía, si será de estos periodos el que con más fuerza impresione los sentidos aquél en que de los espacios oscurecidos caen los esponjosos copos a modo de lluvia de flores de almendros, para ornamentarlo todo con alburas deslumbrantes, propias de hermosas vestiduras nupciales, o este que responde al momento en que, roto ya el manto plomizo del cielo, asoma el sol para colocar finas veladuras, las almenas y los arbotantes.
Si será ese en que por aparecer la luna entre desgarramientos de nubes, brilla como un espejo del río helado, y se tienen de intensos azules el valle, la sierra y el caserío que duerme a los pies del recinto murado, o el oto del período de deshielo, en el cual se descuelga la nieve derretida por las fachadas de las casonas, por los árboles y las torres de los templos, plagando las calles de pardos charcos y reflejos (…)
¡Oh, si todos los hombres conocieran estas nevadas blancas, rosas, azules y pardas de Ávila!... Yo aseguro que entonces no existiría un siquiera que no creyera firmemente en Dios y en su inmensa grandeza”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad tempestiva de fríos inviernos y alegres tipos populares que dibujó José Sánchez Merino, quien también nos trajo la nieve glaciar de las cumbres de Gredos.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que atrapa la infancia y el palpitar tembloroso del corazón que intuimos en los versos del poeta, profesor, sacerdote y también hijo adoptivo Jacinto Herrero Esteban:
“Y si vuelve la nieve, ya lo digo,
como cuando era niño, que no viene,
¡qué membranza tendremos! Se detiene
un momento en su vuelo y al hostigo
de las rachas de viento, busca abrigo
en el alero del hastial. Mantiene
su nítido temblor sin que lo llene
de acabada blancura. Trae consigo
la soledad del campo, el lejano
grito de los muchachos, las bandadas
de pardos estorninos, de arrecidos
gorriones; la cellisca sobre el llano
que borra los lindazos y cañadas
como en mi corazón golpes sufridos”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad de plata que diría Blas de Otero, para quien la nieve es imagen pura que no se olvida.
“Cuando tu cuerpo es nieve perdida en un olvido deshelado, y el aire no se atreve
a moverse por miedo a lo olvidado (…) Cuando es ya nieve pura, y tu alma señal de haber llorado…”
ÁVILA NEVADA es la ciudad que tiene en el horizonte las cumbres del Zapatero y la Serrota que “al borrarse la nieve, se alejaron/ los montes de la sierra”, decía Machado, y que reía Góngora:
“Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente”
ÁVILA NEVADA es la ciudad en polvo, pero polvo enamorado, y de fuego encendido que recuerda la poesía amorosa de Quevedo:
“Lo que me quita en fuego, me da en nieve
la mano que tus ojos me recata;
y no es menos rigor con el que mata,
ni menos llamas su blancura mueve”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad donde cantó Amancio Prada a Teresa de Cepeda y a Juan de Yepes al tiempo que guarda nuevas composiciones “esperando la mano de nieve” y entona la copla popular asturiana “si la nieve resbala”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad de la niñez, de la mocedad, de la vejez, del paisaje celeste, de la noche de luna que inspira al artista, lo mismo que canta Gerardo Diego.
“La nieve, niños, la nieve,
baja la nieve.
Por Quintanar de la Sierra
danzando viene.
Temblando la nieve viene,
flor de diciembre.
Ángeles hilan los copos,
ruecas celestes.
Colmen, niños, vuestras manos,
trapos de nieve”.
![[Img #43842]](upload/img/periodico/img_43842.jpg)
“La nieve, mozas, la nieve,
vuelve la nieve,
a besar vuestras mejillas,
manzana y leche.
Ya nieva sobre los pinos,
ya nada es verde.
Nieva sobre las palomas.
Nadie se mueve.
Ay, que silencio tan hondo.
Callan las fuentes.
Si no fuera por el río,
callar de muerte.
Ya nieva la nieve nueva
sobre la nieve”.
“La nieve, viejos, la nieve,
qué fría viene.
Ya mide más de una vara
por las paredes.
Caperuza de la torre,
nata en copete.
Qué bien arde la carrasca.
La noche crece
y nieva la nieve fuera,
sobre la nieve”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que nos traslada por un instante a la estepa rusa que recrea Boris Pasternak:
“Cae y cae la nieve. No parecen
copos, sino que sobre los remiendos
de una capa a la tierra descendiese
lentamente la cúpula del cielo.
Como si con los gestos de algún extravagante,
desde el piso de arriba,
sigiloso, jugando a la escondida,
bajara el cielo desde la buhardilla”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad divina y estrellada que contemplamos con la poetisa Premio Nóbel Gabriela Mistral:
Ha bajado la nieve, divina criatura,
el valle a conocer.
Ha bajado la nieve, mejor que las estrellas.
¡Mirémosla caer!
ÁVILA NEVADA es la ciudad que canta, alumbra y purifica la poesía de Jorge Guillén:
![[Img #43844]](upload/img/periodico/img_43844.jpg)
“Lo blanco está sobre lo verde,
y canta.
Nieve que es fina quiere
ser alta.
Enero se alumbra con nieve, si verde,
si blanca.
Que alumbre de día y de noche la nieve,
la nieve más clara.
¡Nieve ligera, copo blando,
Cuánto ardor en masa!
La nieve, la nieve en las manos
y el alma.
Tan puro el ardor en lo blanco,
tan puro, sin llama.
La nieve, la nieve hasta el canto
se alza.
Enero se alumbra con nieve silvestre.
¡Cuánto ardor! Y canta.
La nieve hasta el canto -la nieve, la nieve-
en vuelo arrebata”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad de calles estrechas y llenas de frío nevado que describió García Lorca en “Impresiones y paisajes” (1918) a propósito de su visita a la tierra natal de la flamenquísima Teresa. Y aquí traemos su recuerdo de cuando nieva en el alma:
“También sobre el alma nieva. La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que se hundieron en la sombra o en la luz del que las piensa. La nieve cae de las rosas, pero la del alma queda, y la garra de los años hace un sudario con ellas”.
ÁVILA NEVADA es la ciudad que nos trae a la memoria Julio Llamazares, quien se hizo viajero en el libro “Las rosas de piedra” (2008) donde se detiene en la ciudad nevada escribiendo “Ávila, sueño de hielo”, lo que nos recuerda su poemario “Memoria de la nieve” (2010):
“Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces…
Sé muy bien que, tras los mimbres lánguidos del río, acecha un animal de nieve…
Los ojos de la anciana son blancos como nieve: cien años hace ya que no nos mira…
Pero la nieve siguió cayendo mansamente y sepultó su memoria para siempre…
Sólo estoy, en esta noche última, como un toro de nieve que brama a las estrellas…”
ÁVILA NEVADA es la ciudad protagonista de la novela “La sombra del ciprés es alargada” (1947) de Miguel Delibes:
“Ávila de noche, nevada y con luna, se encontraba consigo misma. Exhalaba su aroma de siglos sin bastardearle con modernas impurezas; con hábitos y costumbres en discrepancia con su añeja raíz ...
La ciudad ebria de luna, era un bello producto de contrastes. Brotaba de la tierra dibujada en claroscuros ofensivos. Era un espectáculo fosforescente y pálido, con algo de endeble, de exinanido y de nostálgico. La torre de la catedral sobresalía al fondo como un capitán de un ejército de tierra. En su derredor las moles, en blanco y negro, de la torre de Velasco, del torreón de los Guzmanes, de Mosén Rubí…
Ávila emergía de la nieve mística y escandalosamente blanca, como una monja o una niña vestida de primera comunión. Tenía un sello antiguo, hermético, de maciza solidez patriarcal. La villa centrada en plena y opulencia civilización, era como una armadura detonando en una reunión de fraques. Imaginé que no otra, en todo el mundo, podía ser la cuna de Santa Teresa. Porque su espíritu impregnaba, una por una, cada una de sus piedras y sus torres”.
ÁVILA NEVADA, finalmente, es la ciudad donde se agolpan todas las “Ávila nevadas” reseñadas y otras muchas que quedan en la memoria, y es la misma ciudad que ahora rescata el pintor Juan Antonio Piedrahíta con singular estilo para un emocionante viaje contemplativo.
![[Img #43838]](upload/img/periodico/img_43838.jpg)




Javier del Real | Domingo, 15 de Noviembre de 2015 a las 03:35:13 horas
Gran artista, gran persona, gran amigo!!!!!
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