Pablo Iglesias y la libertad de prensa

Alfredo Rodríguez Blázquez

Escuchar al líder de Podemos hablar de que los medios de comunicación tienen que tener un control público para garantizar la libertad de prensa, hace que la conciencia histórica rememore el esfuerzo en sangre, sudor y lágrimas, que costó conquistar la libertad en este país. En un siglo hemos pasado de la falta de información, a la información propagandística a favor del centinela de Occidente y de ahí, al peligro de la saturación.

Las nuevas tecnologías amenazan con sepultarnos en información, pero también han abierto las puertas a todos para acceder a una información plural que, independientemente de los intereses comerciales, económicos y políticos que defienda cada medio, se retroalimenta con la participación ciudadana a través de las redes. El poder de los gobiernos se ha visto reducido gracias a la prensa, pero sobre todo gracias a Internet, lo que ha servido de contrapoder en aras del interés general.

 

Pero no se puede cantar victoria porque el riesgo siempre estará presente en la lucha por la libertad de información, de prensa y de opinión. Unas veces por la concentración de los medios de comunicación en pocas manos, y otras porque puede llegar un líder con nuevos métodos y viejas prácticas para “garantizar” la libertad de prensa tomando el control público de los medios. La batalla por la libertad de información siempre estará presente en cualquier sociedad. El llamado cuarto poder sirvió a las estructuras políticas del régimen franquista para controlar la información y para propagar la “verdad nacional”. Y eso debe servir de recordatorio para reflexionar sobre la propuesta de intervención en los medios que propone Pablo Iglesias.

 

Es verdad que hoy los medios de comunicación de masas están al servicio de intereses políticos y financieros, pero también lo es que la competencia, en aras del beneficio comercial y económico, es feroz, lo que hace que podamos elegir el medio a través del cual informarnos, que siempre será el que conviene a nuestros intereses o ideas. Internet hace que no se puedan poner puertas al campo informativo, pero que nadie se lleve a engaño: abrir la información y la comunicación a la participación de la gente, al pueblo, no es sinónimo de libertad porque, como dijo Orwell, hace más de sesenta años, la tecnología de la información acabará por oprimir aún más a los individuos, que acabaremos siendo esclavos de la información que cada uno consumamos y difundamos.Y títeres, añado yo, en manos de una minoría que utiliza las redes sociales para captar adeptos para su causa.

 

El precio que hay que pagar por tener libertad de expresión, de prensa, de información u opinión, es la lucha constante entre los medios que la transmiten para lucrarse, los ciudadanos que la consumen y demandan por necesidad y los gobiernos –sean del signo que sean-que quieren controlarla para beneficio propio.

 

Y nadie, ni siquiera usted, puede decirnos a los ciudadanos donde y en que medio encontraremos la verdad informativa.Y menos aún hacernos ver que solo el control público de los medios puede garantizar la libertad de prensa. Ya somos mayorcitos para entender cómo funcionan los medios de comunicación, pero también lo somos para entender que sin el control de los medios y de la información nadie se puede perpetuar en el poder.

 

La libertad, señor Iglesias, no debería ser un derecho, tendría que ser un deber, pero usted sabe muy bien que nadie somos libres.

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