Recuperadas de su memoria tres jotas del folclorista segoviano

Homenaje al maestro Polilo, discípulo del maestro Marazuela

Carlos de Miguel Ver comentarios 3 Domingo, 16 de Septiembre de 2012 Tiempo de lectura:

Discípulo de Agapito Marazuela, con quien aprendió y quien le regaló la dulzaina con la que sigue tocando a sus 83 años, Polilo es el dulzainero de Santo Domingo de las Posadas, localidad que le ha hecho adoptivo en un emotivo homenaje.

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A los 11 años se inició en el difícil instrumento gracias al maestro segoviano, que tras dos años en la cárcel quedó confinado en el molino del padre de Aureliano Muñoz, quien aprendió “recogiendo” las enseñanzas de su maestro, a la orilla del río Adaja, en Pozanco, donde ejerció de molinero, recuerda Polilo poco antes de ser homenajeado  -el domingo por la mañana-  este domiopor un pueblo al que llegó hace 42 años.

“Ahora toco de vez en cuando en casa”, dice sin soltar la dulzaina, agradecido de un tributo al que acudió todo el pueblo y gentes de localidades vecinas. La alcaldesa, María Teresa Resina, trasladó el “sentimiento y emoción” de todos, para una persona que “ha dejado grabados en la memoria muchos  sonidos de fiesta”, y al que definió como “un  músico curtido entre harinas y costales”.

Ha sido “profeta en su tierra y en tierras abulenses” gracias al “sonido de Castilla”. Nacido en Velayos hace 83 años, luego vivió en el molino de Pozanco y llegó después a Santo Domingo de las Posadas, siendo de los pocos dulzaineros que sabían música e interpretar una partitura, en una dedicación que continua ahora su nieto José María, de 15 años y que ya domina un instrumento en el que se inició hace siete.

Polilo ha sido y es conocido por el mundo de la dulzaina, donde ha acumulado premios nacionales de jotas castellanas en 1965 y 1966, el de El Espinar en 1973 o en Medina del Campo en 1974, entre otros, y cuyos trabajos se encuentran recogidos en la Biblioteca Nacional, en la Biblioteca de Cataluña y en distintas universidades.

En el acto intervino su hija, Blanca Muñoz, quien no desaprovechó la oportunidad de recordar a los alcaldes de La Moraña que asistieron que “en tiempos de crisis es más barato contratar para las fiestas a un grupo de dulzaineros que a una orquesta”, y ha recordado que antes, cuando no había los grupos modernos, los dulzaineros tocaban horas y horas en las jornadas festivas: “por la mañana diana, luego el baile, por la tarde de nueve a doce y luego de una a cuatro de la madrugada, y al día siguiente más”. “Entonces mi padre tocaba solo lo que ahora tocan dos un tamboril”, rememoró.

Precisamente, quien ha tocado décadas con Polilo es Modesto Jiménez Arribas, quien en el homenaje acompañó al nieto del hijo adoptivo tocando una de las jotas de Marazuela recuperadas recientemente de la memoria del maestro.


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