Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
La Orquesta Sinfónica de Ávila regala desde hace tres año conciertos que confirman que ha dejado de ser un proyecto y que es una consolidada realidad. Y el público ha sido fiel a la que ya parecen considerar su orquesta.
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Quedó claro en la séptimo cita de a formación con la sala sinfónica del Lienzo Norte llena como en otras ocasiones. El programa, atrevido y atractivo, lo merecía.
Rimsky-Korsakov en la primera parte con el 'Capricho español' y la 'Obertura de la Gran Pascua Rusa', y Rachmaninov con las 'Danzas sinfónicas' para cerrar el concierto en la segunda. El título del concierto, 'Capricho ruso: los maestros del color' avanzaba que precisamente el color musical y la capacidad de evocación de la escuela del nacionalismo ruso serían protagonistas del recital.
El arranque con el 'Capricho', obra ampliamente conocida, fue espectacular. Miguel Romea supo sujetar las energías aún frescas de la orquesta, que con precisión pero con mucho alma volaron desde la 'Alborada' inicial hasta el gran tutti del 'Fandango', donde se pudo liberar toda la vitalidad de 85 músicos. Una eclosión de colores, en sabio equilibrio entre secciones de cuerda, viento y percusión. Un aperitivo que caldeó la sala, dejando al público con el tarareo de los pegadizos movimientos.
La 'Obertura de la Gran Pascua' ofreció un sereno contraste, en donde más que sujeción y crescendo, el maestro Romea supo sacar de la orquesta el color y la tonalidad requeridos por una obra de índole más contenida. Tras la larga introducción, brillaron los solistas orquestales de cuerda y viento como brillante broche a la primera parte del concierto.
La segunda parte, con las 'Danzas sinfónicas', representó un doble reto para la orquesta: por un lado aguantar el exigente desgaste de un programa donde no había rincón para el descanso, que parecía sacado de una etapa alpina del Tour de Francia y, por otro, saber conjugar una obra en la que las variaciones temáticas, rítmicas y armónicas son muchas y no fáciles. Y lo logró, demostrando que el trabajo de los días previos al encuentro con el maestro Romea han sido más que provechosos.
Atronadora ovación final de un público entregado, sí, pero por otro lado exigente con su 'equipo', y que se fue satisfecho a la espera de futuros encuentros. El trabajo del maestro Romea logró dar la coherencia y rotundidad que el programa exigía, y a lo largo de la noche se pudieron percibir múltiples gestos y miradas cómplices entre director e intérpretes que denotaron que el aclamado (y con razón) madrileño sabía conectar con la formación abulense, que contaba con una mayoría de músicos locales.
La Sinfónica abulense busca ofrecer cuatro conciertos este año. A la espera, sobresaliente obtuvo en su cita estival.
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