Del Sábado, 07 de Febrero de 2026 al Domingo, 08 de Febrero de 2026
Aves y agüeros
Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha realizado sus pronósticos meteorológicos valiéndose de agüeros. Los agüeros son señales o indicios basados principalmente en la observación del comportamiento y del vuelo de las aves. En la antigua Roma, la interpretación de estos presagios correspondía a los augures, a los que se consultaba antes de emprender cualquier asunto público o privado.
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La ornitomancia o adivinación a través de los caracteres descritos en el cielo por el vuelo de las aves, constituía una práctica bastante habitual en el mundo clásico, como puede apreciarse en este fragmento extracto del Capítulo LIV de 'Filosofía oculta. Magia natural', obra escrita por el sabio renacentista Enrique Cornelio Agrippa (1485-1535):
"Sería muy largo contar uno a uno todos los presagios que frigios, cilicios, árabes, umbros, etruscos y otros pueblos aprendieron de las aves y demás animales. El hecho es que en todas ellas se esconde el oráculo de lo que va a ocurrir, y son capaces de adelantarte los mayores acontecimientos. Los poetas cantaron a aquellas aves proféticas, que eran hombres convertidos en aves. Escucha, pues, atentamente lo que dice la corneja, observa dónde se posa o si vuela por la derecha o por la izquierda, atiende a si habla, chilla o calla, si va delante o detrás o espera a igualar el paso del caminante, si huye, o hacia dónde va (1)".
Estas prácticas ornitománticas, de raíces viejísimas y documentadas en multitud de fuentes orales y escritas de diferentes lugares, épocas y culturas, han dejado una profunda huella en el imaginario colectivo rural. Los campesinos de todo el mundo no sólo se han valido, durante siglos, de las aves para la realización de sus pronósticos y cabañuelas, sino también para augurar la muerte de las personas o para saber los años que le restan a uno para casarse.
El tema de los augurios de muerte y de boda merecería un extenso trabajo monográfico que reuniese un nutrido corpus de testimonios orales. Mas dadas las limitaciones de espacio del presente artículo, veamos, por el momento, algunos ejemplos de agüeros meteorológicos registrados por mí durante estos últimos años en distintos pueblos de la provincia de Ávila:
Cuando las grullas van pa´rriba,
no te estés con el amo, aunque te lo diga.
Y cuando van pa`bajo,
estate, aunque sea con trabajo (2).
Cuando el grajo vuela bajo,
hace un frío de carajo;
hay que tomar sopas de ajo (3).
Una cosa que hay, los pájaros, por ejemplo, los gorriatos. Pues éstos, cuando se bañan en agua, llueve. Cuando se bañan, vamos, se revuelcan en la tierra, es tiempo áspero, tiempo seco. Ahí también entran las tórtolas y las palomas, porque yo las he visto. Las tórtolas, varias veces, en las calles y tal en los campos, cuando se bañan, llueve; y cuando se bañan en tierra o se revuelcan en la tierra, eso es tiempo seco (4).
El arrejaque es un pájaro que es emigratorio. Y aquí aparece, pues, en la primavera. Exactamente, no sé si es el mes de mayo o por ahí. Y nosotros, vulgarmente, lo llamamos arrejaque, pero parece que su propio nombre es vencejo. Y entonces, cuando viene ese pajarito, dices: –¡Ya viene el buen tiempo!, que están aquí los vencejos–. Y ya empieza a hacer bueno y empiezan a corretear y a comerse los mosquitos (5).
Como se desprende de la lectura de estos testimonios orales, la importancia de los agüeros dentro de las sociedades rurales, viene dada por su estrecha relación con viejos ritos de propiciación agrícolas que ven en la llegada de determinadas aves (vencejos, golondrinas) una señal de buen augurio (el final del invierno y el comienzo de la estación fértil).
Mas cuando el labrador divisaba en el horizonte a las primeras mensajeras de los fríos nublados del invierno, asistía, impertérrito, al lento voltear de la rueda del tiempo.
(1). Enrique Cornelio Agrippa: Filosofía oculta. Magia natural (Madrid: Alianza Editorial, 1992), pp. 203-204.
(2) Feliciano López (La Serrada), de 56 años de edad, fue entrevistado por mí el 26 de agosto de 2008 en Ávila.
(3) Jesús González García (Ávila), de 72 años de edad, fue entrevistado por mí en Gemuño (Ávila) el 27 de mayo de 2009.
(4) José María Rodríguez Jiménez (Gallegos de Sobrinos), de 56 años de edad, fue entrevistado por mí en Ávila el 23 de enero de 2008.
(5) Marcelino Garrido Ajates (San Juan de la Nava), de 88 años de edad, fue entrevistado por mí en Ávila el 7 de marzo de 2008.
Foto: Miguel Rodríguez Esteban (elornitoblog.blogspot.com).



Alondra armuňesa | Domingo, 05 de Abril de 2015 a las 10:41:36 horas
¡¡Felicidades, Luismi!! Me parece muy interesante este artículo. Me he acordado de cuando vi vencejos volando entre las murallas de Ávila, una maňana de mayo.
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