El foso de separación entre las dos Españas, la austracista y la borbónica, parece que sigue en vigor trescientos años después con otros contendientes. La importancia histórica de dicha fecha es más evidente hoy que nunca, lo discutible son las valoraciones que se hacen de esta guerra, pues las fuentes, obviamente, siempre son parciales. En este artículo solo quiero hablar de las lecciones que algunos “protagonistas” de esa guerra civil que se convirtió en europea, y en la primera gran guerra contemporánea, sacaron de la misma. Una, la dio Luis XIV, el Rey Sol, que escribió una carta a su nieto Felipe V recomendándole lo siguiente:
“Estoy muy lejos de proponeros que les devolváis sus privilegios, pero concededles su vida y todos los bienes que les pertenezcan, tratadles como a súbditos a los cuales estáis obligados a conservar y de quienes sois padre, y a quienes no debéis destruir”
La otra lección, la más importante, la dio el campesino ampurdanés Sebastiá Casanovas:
“En caso de que en algún tiempo hubiese algunas guerras, que de ninguna de las maneras se aficionen con un rey ni con otro, sino que hagan como las matas son para los ríos, que cuando viene mucho agua se doblan y la dejan pasar y después se tornan a alzar cuando el agua es pasada; pero no aficionarse con ninguno que de otra manera les sucedería mucho mal y se pondrían en contingencia de perderse ellos y todos sus bienes”
La historiografía suele simplificar las cosas pero la realidad fue que, ni todos los catalanes fueron austracistas, ni todos los castellanos borbónicos. Como todas las guerras, la guerra de sucesión a la corona hispánica, no fue más que una lucha de intereses, y esos intereses provocaron un foso de separación que hoy ha arraigado de forma radical en muchísimos ciudadanos catalanes y otros españoles. ¡Qué listo era el campesino ampurdanés!.
Para terminar este artículo escribiré el juramento que hacían los vasallos al rey de Aragón: “Nos, que valemos tanto como vos, prestamos juramento a vos, que no valéis más que nos, y os aceptamos como soberano, siempre que vos respetéis nuestras leyes y libertades”.
¿Tan difícil es vivir y convivir respetando a todos, así como a las diferencias, sin caer en enfrentamientos? A la vista está que sí. Lo curioso es que nunca extraemos lecciones de la historia para aplicarlas, solo sacamos conclusiones interesadas. Pero no hay que extrañarse, al fin y al cabo pertenecemos al género humano.
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