Chuchi García

Ahora, todos fueron muy de Suárez

Chuchi García Ver comentarios 1 Domingo, 30 de Marzo de 2014 Tiempo de lectura:

El abulense más conocido de la ciudad recibió todos los honores el día de su funeral. Dicen que para cerrar el ataúd tuvieron que quitar todos los puñales que llevaba clavados en la espalda y que según pasaban por la capilla ardiente a mostrarle sus respetos los puñales fueron devueltos, a cada cual el suyo. Así, con la devolución mediante, el sollozo fue menor.

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Ahora, llegado el momento de los reconocimientos, como si nos acabasen de presentar al de Cebreros, los hay quienes se acuerdan de su trayectoria. Se ha tenido que ir bien ido (porque Suárez hacía tiempo que se había marchado) para que lluevan los logros y las palabras amables. Cualquier malpensado diría que en la exageración a su reconocimiento hay una parte de vergüenza y otra de culpa.


Podría haber sido suficiente para cualquiera pilotar la Transición y haber dado por amortizado su trabajo. Sin embargo, con la defenestración de Suárez España perdió la oportunidad de tener una derecha moderada y democrática, rupturista con el franquismo y la dictadura, y en definitiva homologar la derecha española a cualquier otra europea. Alguno clamó al cielo diciéndole al de arriba que se había llevado al presidente equivocado. Olvidado por unos, traicionado por otros y sencillamente mártir de la mediocridad, el oportunismo y la hipocresía que acabaron con su carrera política y que han dado buena gala de ello en los tres días de luto oficial.


Si alguien fue de Suárez esos fueron los abulenses que siempre vieron en él un motivo de orgullo con independencia de su voto; un ejemplo de que cualquier paisano, con su mérito y su trabajo podía llegar lejos o al menos hacer que el nombre de la pequeña ciudad figurase en el mapa.


Y si bien los abulenses jamás renegaron de Suárez, es llamativo el olvido al que la ciudad de la que presumió le ha tenido tanto tiempo. Supongo que va con el carácter de la propia Ávila y que esa frialdad con la memoria de sus ilustres se extiende igualmente para otros como Sánchez-Albornoz o López Aranguren. Pero miedo me dan los homenajes abulenses, que bien somos capaces de coger la calle más fea de la ciudad y dedicársela a Kate O’Brian o ver como alguno, sin saber qué mérito, inaugura un centro con su nombre en plena crisis de egolatría maníaca.


Adolfo Suárez fue el “traidor” traicionado. Traidor porque viniendo de la élite del franquismo se acabó marcando un órdago a la grande: pasar de una rancia dictadura a una incierta democracia. Para la izquierda un falangista en el que no se podía confiar, para la derecha un traidor que mordió la mano que le dio de comer. Eso es sin duda caer en tierra de nadie. Qué injusto para alguien que siempre presumió de su tierra.

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