Carlos Blanco. Carlos Blanco.

Al poeta Carlos Blanco Sánchez

Luis Miguel Gómez Garrido

El 16 de enero, leí en el periódico Salamanca rtv Al Día, la triste noticia del fallecimiento de mi buen amigo y gran poeta salmantino Carlos Blanco Sánchez. Dada la relación de amistad que me unía a él, he creído oportuno dedicarle unas breves líneas desde el rincón de esta columna.

Asiduo colaborador de los recitales poéticos que organizo cada año en el Café-Bar El Estudio de Ávila, Carlos Blanco supo ganarse la simpatía y admiración del público, merced no sólo a su experimentada facundia, sino también a sus bellísimos versos de inspiración infantil, rebosantes de colorido y sonoridad, ecos de cancionero y ruedas de corro, según puede apreciarse en estas cuartetas con las que alegró en más de una ocasión, el corazón del auditorio:

 

Con un cascarón de nuez

haré un barquito velero

para navegar, después,

lentamente por el Duero.

 

Por vela pondré un papel

de celofán, azul cielo

y en él pegaré, también,

confetis de terciopelo.

 

Carlos Blanco ejerció a lo largo de su vida  como maestro de primaria, en diferentes escuelas de Salamanca, León, Zamora y Cáceres. De su arraigada vocación docente, dan fe libros poéticos tan entrañables como: 'El cocodrilo Cirilo' (Madrid: Escuela Española, 1986); 'La Bruja Piruja' (Teatro infantil en verso) (Sevilla: Amigos de Papel, 2012); y ' Lazarillo de Tormes' (álbum ilustrado para primeros lectores), (Salamanca: Tatanka Books, 2012), entre otros.

 

Como anécdota, mencionaré que cuando se iba aproximando la fecha de los recitales de poesía, allá por el mes de noviembre, algunos de los parroquianos de El Estudio que solían asistir cada año al evento, me preguntaban con sincero interés: “¿Va a venir a recitar este año el maestro? Nos gusta mucho cómo declama”. En verdad, la voz poética de Carlos ha dejado una huella indeleble en los que tuvimos la suerte de disfrutar de sus dotes recitativas. 

 

Entre las muchas y variadas aficiones de Carlos Blanco, ocupaba un lugar especial la ornitología. Recuerdo que con ocasión de la séptima edición de los recitales poéticos del Café-Bar El Estudio, me regaló una preciosa hembra de verderón. Es innegable que los versos del poeta translucen un profundo conocimiento de la naturaleza:

 

Tina, la golondrina,

vuela, vuela, vuela,

vuela.

Corta el viento,

en pedacitos,

al igual

            que una tijera (1).

 

Mis lectores saben que soy poco dado a formalismos y lugares comunes. Por lo que llegando al término de este escrito, sólo me resta decir:

Allí donde estés, amigo mío, sigue velando por todo lo bello y frágil que late bajo el sol.


(1) 'El cocodrilo Cirilo' (Madrid: Escuela Española, 1986), página 20.

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