Día Domingo, 18 de Enero de 2026
Con sus máscaras de madera a base de crines y cola de caballo, mantas serranas y sacos, cuernos, cencerros y aperos, los cucurrumachos salieron a las calles de Navalosa para perpetuar una tradición de un Carnaval diferente al de los disfraces.
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Siguen una liturgia repetida en la tarde del Domingo Gordo, que tiene difícil fecha en el tiempo y que era la práctica de los antiguos quintos: se visten en sus casas acompañados de sus familiares y amigos. Un ritual que se hunde en el entroido o Carnaval gallego y en los ritos de exaltación ganadera y la tradición celta.
A los quintos viejos les delatan los cencerros, que suenan incansablemente. Los cucurrumachos llegaron a la plaza, ante el mayo, e inundaron de paja a los presentes en la fría tarde del domingo, siempre entre su tétrico aspecto con sus máscaras de madera, sus calaveras de animales, su cornamenta y su pelambrera de crines y colas de caballo.
Mientras, los quintos nuevos escenificaron escenas del mundo agrícola, los vecinos cantaron coplas y bailaron, y se representó la muerte simbólica de la vaquilla por parte de uno de los jóvenes. Son otros momentos de celebración en la tarde del domingo, que culminó con una cena que los quintos nuevos ofrecen siempre con los productos que horas antes recogieron por las casas del pueblo, ataviados con traje, pañuelo, sombrero negro, cintas, escarapelas y bastón.









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