Chuchi García

Mensaje de la cuesta de enero

Chuchi García Ver comentarios 12 Jueves, 03 de Enero de 2013 Tiempo de lectura:

En este mes tan entrañable, me llena de orgullo y satisfacción, tanto a mi mascota doméstica como a mí, felicitaros la cuesta de enero. Es de esta manera que no de otra como me apetece comenzar este año, haciendo algo para lo que no se ha demostrado suficiente utilidad.

Con los mensajes navideños que ha puesto de moda nuestro excelentísimo alcalde y por imitación nuestro monarca, sigo los mismos pasos. Apoyo mis posaderas sobre la mesa como si me tirara demasiado el titanio como para decirlo sentado y mirando a la lejanía finjo que andaba trabajando en mis cosas para empezar el discurso.

En esta cuesta de enero quiero reflexionar con vosotros sobre lo que nos preocupa y también sobre vuestras esperanzas (el que las tenga). En concreto me gustaría referirme a tres asuntos: la crisis económica, las privatizaciones y la solidaridad.

No creo exagerar si bien digo que estamos jodidos. De una jodienda sin enmienda. Intensa, continua, creciente. La culpa de todo la tienen los mayas, quienes nos llenaron de esperanza con que todo acabaría en 2012 y nos vemos en esta triste tesitura. Que el fin del mundo no nos llegó y fue más decepcionante que el apocalipsis del efecto 2000 o que la gripe aviar. Mejor culparlos a ellos que a los bancos, a los señores del ladrillo o a la ley del suelo del 98.

Es duro decirlo pero para salir de la crisis tenemos que cobrar menos y trabajar más. No lo digo yo, lo decía el entonces presidente de la patronal el señor Díaz Ferrán que es el gran ejemplo a seguir. Fíjense que de lo poco que cobraba la declaración de la renta le salía a devolver. De haber hecho todos lo mismo tendríamos un Ferrari cada uno.

Las sospechas deben ustedes centrarlas en los partidos, las ONG, sindicatos, feministas, loby gay, asociaciones de estudiantes o las organizaciones de consumidores. Y por el contrario confíen en nuestras empresas y en quienes las dirigen. No importa que el presidente de Telefónica sea tan lerdo que no sabría abrirse ni una cuenta en Tuenti o que el presidente del Santander de ser soltado en Londres acabaría siendo ajusticiado por un beefeater para que Shakespeare dejara de retorcerse en su tumba. Tampoco importa el pelotazo de las eléctricas y que desde la privatización de Endesa la factura haya subido un 80 por ciento. Por cierto, este mes vuelve a subir. Ni que las grandes operadoras de telefonía de este país pactaran las tarifas de sus SMS. Cosa que hacen también nuestras petroleras y no pasa nada. Menos aún, que para la principal aseguradora del país, nuestras vidas, de finalizarlas en un accidente aéreo, valgan bien poquito. Y de Bankia ni hablo.

Usted confíe en el sector privado y lleve esa confianza a la sanidad, a la educación o a las pensiones. Desde Endesa pasando por Telefónica o Repsol todos son ventajas. Sectores públicos que privatizamos y que la honradez de sus consejos directivos nos ha llevado a una España mejor para todos. No les mueve el lucro sino las buenas intenciones. Verá que bien cuando su quimioterapia se la gestione una empresa del Ibex35.

Por otra parte no quisiera acabar mi mensaje sin advertir del grave peligro y causante de la crisis que atravesamos: la solidaridad. No recurran a ella bajo ninguna circunstancia porque es la principal distracción que nos lleva a dejar de pensar en nosotros mismos, que convierte a nuestro país en un biberón del mundo. Cierto es que durante muchos  años nos hemos aprovechado de la proverbial teta de la subvención europea pero no se equivoquen: la solidaridad es un grave problema, un cáncer.

Sigan el ejemplo alemán: en caso de un desahucio abandonen a sus hijos en el bosque marcando el camino de vuelta con migas de pan. La naturaleza y la bruja de la casa de caramelo les darán solución. Ya no es su problema, será el de otro. Además, debemos preparar a nuestros hijos para el futuro que les estamos construyendo y este es un buen entrenamiento.

Puede que haya gente dispuesta a pisarnos la cabeza pero piense en el consuelo de hacer lo propio con otro más desfavorecido. Pise con fuerza, hasta que sus cabezas se abran como nueces y se desparrame por los suelos su contenido. Dese un festín con lo que encuentre y al cuerpo inerte y frío que quede a sus pies dele una lección de moral, de sacrificio, de saber estar. El abulense es siempre hidalgo y generoso en la derrota y más si lleva la tripa llena.

La cuesta de enero simboliza el triunfo de la gravedad sobre el optimismo. Privatizaciones, recortes y capitalismo salvaje son valores que todos debemos reconocer, conservar y promover siempre y en estos tiempos aprovecharnos más que nunca.

Feliz cuesta de enero para los que siempre ganan y para los demás desearles que sobrevivan como puedan.

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