Día Domingo, 18 de Enero de 2026
Decadencia de nuestra cultura occidental
Siempre se ha dicho que los pueblos que olvidan su propia historia están condenados a repetirla. Y algo de esto está sucediendo en Europa donde las nuevas sociedades que se están creando parece que han olvidado su pasado violento y sanguinario con dos guerras devastadoras.
Hay un nuevo clima social donde la desigualdad creciente, las tasas desorbitadas de desempleo, la pobreza, la exclusión social, la inmigración, los refugiados… han creado el caldo de cultivo necesario para que resurjan viejos fantasmas del pasado que vuelve a recorrer Europa de norte a sur: el populismo y el nacionalismo, gérmenes de las dos guerras mundiales.
La globalización ha dejado unos vencedores claros: las multinacionales y las empresas tecnológicas, y unos perdedores evidentes: los trabajadores, los autónomos y una parte de las clases medias. Y los perdedores ya no podemos confiar en los políticos que nos han traído hasta aquí. Necesitamos tener esperanza, algo que ofrecen con falsas verdades absolutas los populismos y los nacionalismos.
El fin de una época se está anunciando repetidamente sin saber que nos depararán los nuevos tiempos. Tiempos que se empiezan a parecer, como una gota de agua a otra, a tiempos pasados de los que las nuevas generaciones no tienen perspectiva histórica, quizá, porque el nuevo mundo está basado en la inmediatez, en la actualización permanente y en satisfacer los deseos del momento. Europa y sus viejas democracias (bueno, la nuestra no es tan vieja) están heridas de muerte. Los flujos migratorios y la crisis de los refugiados han traído un “ismo” más del que preocuparse, el más dañino de todos, porque su objetivo último es acabar con nuestra civilización, con nuestro modo de vivir y de pensar: el yihadismo.
Lo que hoy estamos viendo, lo que hoy está ocurriendo, no es nada nuevo como nos quieren hacer ver algunos. Hay un dicho que dice que solo conociendo el pasado podemos comprender lo que está ocurriendo en el presente. Y la historia, madre de la vida, si algo nos ha enseñado, aparte de que no hayamos aprendido nada de ella, es que nunca es lineal, siempre es cíclica. Por eso el presente ya nos ha sido revelado muchos años antes, muchos siglos antes. Y como ejemplo y argumento de lo que estoy diciendo, nada como leer un texto del historiador greco-romano Amiano Marcelino (siglo IV).
“Los jóvenes pasan las noches en las plazas de Roma estorbando el sueño de sus vecinos. Se dejan melena y visten pellizas al estilo de los bárbaros. En tiempos de sus abuelos los romanos solían ser austeros, laboriosos y honorables, pero los jóvenes no imitan estas costumbres porque se han vuelto hedonistas, flojos... Las clases acomodadas apenas engendran hijos por la incomodidad de criarlos, mientras las clases humildes esquivan el trabajo y se acogen a la annona (una especie de subsidio estatal) y al panem et circenses (pan y circo gratis). Y así, ante la dejación de valores, los bárbaros (extranjeros), se están instalando en los territorios romanos, unas veces de grado, asumiendo el trabajo que los romanos no quieren hacer, y otras por la fuerza…”.
En estos y otros detalles que no vienen a cuento en este artículo, veía Amiano Marcelino que el imperio romano entraba en su fase crepuscular. El paralelismo con la decadencia de nuestra cultura occidental parece evidente.





Victoria | Jueves, 30 de Marzo de 2017 a las 15:30:55 horas
El día 7 de mayo, para disgusto de los mundialistas, Francia comenzará a poner fin a la decadencia y destrucción de Europa. Y lo hará una mujer.
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