Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
La fecha escogida por el Tribunal Constitucional para declarar la legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo se convirtió en un ‘dies amara valde (día de gran amargura)’ para el obispo de Ávila, Jesús García Burillo.
Según pone de manifiesto en un escrito dirigido a los diocesanos abulenses, el 6 de noviembre de 2012 “se asestó un golpe letal a la institución familiar en España y se puso en peligro la educación afectiva de nuestros jóvenes”.
Con la sentencia del Tribunal Constitucional, añade, “el Estado español se ha proclamado competente para decidir sobre todas las dimensiones de la vida de los ciudadanos, lo cual supone que el Estado se otorga un papel totalitario”.
Desde su punto de vista, “la posibilidad de que parejas homosexuales sean equiparadas a las heterosexuales en materia de herencias o bienes gananciales se puede regular sin necesidad de calificarlas como matrimonio”, que según recuerda, “ya en el derecho romano y en la filosofía griega, se concibe con una finalidad y un sentido más amplio que el económico”.
“Declarando legítimo el ‘matrimonio homosexual’ se ha devaluado la institución matrimonial”, porque el matrimonio, apunta, “se fundamenta en su capacidad de ser fecundos, en su oportunidad educativa, en su posibilidad de integrar contrarios, en su mediación de equilibrio psicoafectivo”.
A su juicio, la decisión del Tribunal Constitucional es “fuente de hondo sufrimiento” pero considera “más grave aún” que, con esta medida, la homosexualidad se presenta como una opción tan legítima como la heterosexual”.
En opinión de García Burillo, “dado el ambiente hedonista en el que nos movemos, en el que toda relación afectiva parece estar marcada únicamente por la genitalidad, también son cada vez más los jóvenes que confunden la amistad con el enamoramiento”.
Cuando esto sucede, explica en su escrito, “lo más sano sería preguntarse cuál es la causa de lo que siente su corazón y si sus inclinaciones se deben a factores ambientales, podría reconducirse y hallar su identidad, siendo feliz”. Y agrega: “si, por el contrario, su inclinación obedece a causas más profundas, podría asumir su identidad libremente, sin saberse esclavo de condicionamientos coyunturales”.
En la parte final de su escrito, Jesús García Burillo evoca el rechazo que la legalidad del matrimonio homosexual produce a la Conferencia Episcopal y a los obispos franceses.




montolive | Miércoles, 14 de Noviembre de 2012 a las 00:04:03 horas
Como activista de la lucha por los derechos LGTB, sinceramente, me encanta ver como les escuece la lógica decisión del TC. No viven en este siglo, no me importan sus palabras, no me dicen nada. Pero ojo, la homosexualidad no es un delito, pero la homofobia si, y obispo, está muy cerca, porque nuestras conductas no se reconducen, se afianzan ante i... como ested
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