La patria vasca

Luis Represa

La indiferencia ante el dolor ajeno es santo y seña, símbolo enhiesto de los tullidos morales. También en grado mayor, o más extremo, de los psicópatas.

Los resultados de las elecciones en las Vascongadas trasciende de lo sociológico para entrar en lo psiquiátrico. Desde una mente normal con ciertos valores interiorizados (algo tan simple como el derecho a la vida), el apoyo de una cuarta parte de la población a los cómplices morales de los asesinos de Miguel Ángel Blanco es más que indicio, prueba y certeza, de una sociedad  moralmente putrefacta en la que el odio al otro, al nuevo judío, en definitiva al español, supera cualquier otra motivación.

Estos hijos espúreos del racista y meapilón Sabino Arana exigen resolver un problema (conflicto lo llaman), del cual viven y que además han creado. Su verdadera patria es el pesebre y para mantenerse en él es más fácil apelar a una pervertida escala de valores, (donde es lo mismo morir reventado por una bomba que en accidente de automóvil) que rendir cuentas  en la gestión del presupuesto.

Con ésta gente la batalla debe empezar por su deslegitimación. Poner de manifiesto una y otra vez su cinismo, su falta de escrúpulos y su encanallamiento, el numero es anecdótico, también los nazis y comunistas fueron mayoría.

En este sentido resulta incomprensible la actitud de los dirigentes del socialismo vasco para legitimar y lavar la cara de las hordas de Bildu, especial mención merece el dirigente socialista Eguiguren, traidor mayor del reino con sus reuniones en pleno pacto antiterrorista con el asesino José Ternera , y su infausta labor en defensa de quienes no han condenado el asesinato, entre otros, de sus compañeros de partido Fernando Múgica e Isaías Carrasco.

Más incomprensible aún, resulta  esa ola de  autosatisfacción por que estos canallas han decidido perdonarnos la vida. Extraño síndrome de Estocolmo en quién debiera tener como prioridad su derrota definitiva y no integrarlos en las instituciones.

Es desagradable esta especie de sumisión a lo vasco por el mero hecho de serlo, como si tuviera un valor añadido, ese complejo que impide decir que una sociedad donde al discrepante se le mata  es una sociedad enferma y degenerada.

Esa sumisión, llega al extremo de que no solo tengamos pudor para  reconocer a Sabino Arana como racista locoide, que no merece estatua ni calle alguna, sino que además, olvidamos la traición infame del PNV conspirando con Eta en Lizarra contra la Constitución y contra España. 

Por no hablar de ese miedo a tocar sus privilegios fiscales porque pasado mañana PP/ PSOE van a necesitar de sus votos para continuar en el pesebre.

Yo no amo la patria vasca, como al poeta mejicano, “su fulgor abstracto me resulta inasible”, pero al igual que él ,“amo ciertas gentes, ciertos paisajes, ciertas figuras de su historia, ciertos poetas y ciertos escritores”, y me parece más honesto señalar su tumor para extirparlo que ocultarlo para que se expanda.

(24)
Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.218

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.