Alicia Arés

Marca España: ‘Matanieves’

Alicia Arés Ver comentarios 3 Viernes, 12 de Octubre de 2012 Tiempo de lectura:

En cuestión de días hemos asistido al nacimiento y cimentación del término ‘marca España’, un intento de modernizar el ya consabido verso de Antonio Machado “La España de charanga y pandereta”, y que vuelve una y otra vez a apoyarse en lo de siempre: los toros y las castañuelas.

Venía siendo ya hora de renovar esa insidiosa imagen nuestra en el extranjero; pero no. Somos nosotros mismos los que nos empeñamos en volverla a poner en circulación y renovarla con más fuerza, y en este caso con más crueldad. Así es que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha seleccionado la película ‘Blancanieves’  para que represente a nuestro país en la 85ª edición de los Oscar de Hollywood, una película muda y en blanco y negro en la que torturar y matar toros se convierte en el reclamo de nuestra cultura.

La productora de la película ha reconocido, en medios de prensa, que se utilizaron nueve toros, pero que no hubo maltrato. Sin embargo hay interpuesta una denuncia al considerar que se han infringido durante el rodaje la siguiente legislación:

Ley 1/1990 de 1 de febrero de Protección de los Animales Domésticos, que considera infracción MUY GRAVE “la filmación de escenas con animales para cine y televisión que conlleven crueldad, maltrato o sufrimiento, cuando estos no sean simulados” (Artículo 24.3.g), la Ley 32/2007 de 7 de noviembre para el cuidado de los animales en su explotación, transporte, experimentación y sacrificio, que considera INFRACCIÓN MUY GRAVE, “utilizar animales en producciones cinematográficas, televisivas, artísticas o publicitarias, incluso con autorización de la autoridad competente, cuando se produzca la muerte de los mismos” (Artículo 14.1.d).

El Área de Espectáculos Taurinos de la Consejería de Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) ha negado que se hubiera dado autorización para la realización de un evento taurino relacionado con el rodaje de una película. Todo parece indicar que el director quiso torear la ley solicitando un permiso para la celebración de dos lidias a puerta cerrada en la plaza de toros de Aranjuez (Madrid) justamente los días en que se rodaron ahí mismo las escenas de la película, y qué casualidad, también fueron nueve toros los que salieron muertos tras el uso de dicha trampa; por no hablar de la llamada de un testigo (un propio técnico de la película) advirtiendo de los hechos. Más claro no puede estar.

Ojalá esa supuesta legalidad con que, muchas veces, se arman los torturadores/maltratadores de animales sirva esta vez para aclarar esta opacidad que se cierne sobre el, ya negro, mundo de la tauromaquia, sobre todo desde que se intenta confundir con cultura a base de golpe de legislación porque salta la alarma de que gran parte de la población ha perdido el interés por un espectáculo que debiera pertenecer a un pasado lejano.

Es significativo que en estos momentos de ajuste económico graven con el 21 por ciento de IVA al cine o al teatro, pero que sin embargo la sangre y el dolor de las corridas sigan beneficiándose de un IVA reducido del 10 por ciento. Insólito, lo dicho, marca España de charanga y pandereta.

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