Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
Definición de árbol (sobre los viejos olmos muertos)
Es muy probable que tuvieran cerca de doscientos años. Si es así, habrían sido plantados en tiempos de la ocupación francesa; habrían visto a Monsieur Hugo, el general, pasearse a caballo por la ciudad; a los viajeros subir camino del hotel del Inglés; a lo mejor a Sartre, a la Beauvoir, a Gabriela Mistral, a Cernuda… A su sombra podía haber salido un cuadro solanesco o becqueriano.
Pero el árbol o lo que sea, muerto hace no mucho, no da, hoy por hoy, ni para medio verso de Machado. Al suyo, al sol de mayo, le salía algún que otro brote verde, pero a éste de San Vicente apenas se le acercan las moscas, menos aún los enamorados. Pocas cosas hay más tristes que un árbol muerto, seco. Quizá sólo un tronco desnudo sin pájaros.
No sé de quién fue la idea de conservar el olmo muerto de San Vicente o los que aún quedaban en la cuesta del hospital viejo. Ni sé qué pueda tener de original, si no viene Ibarrola a darle unos brochazos. Es algo triste y barroco, como la calavera de un San Jerónimo. En la plaza, antes alborozada de gorriones, hoy hay un silencio de muerte. Sólo hay que pasar a las horas del ocaso y escuchar. ![[Img #4452]](upload/img/periodico/img_4452.jpg)
Hubiera sido mejor, pienso, plantar un árbol joven y dejarlo crecer, ganar otros doscientos años y que nuestros tataranietos imaginasen nuestra vida bajo las ramas. Porque éste, en el secarral veraniego que es Ávila, no terminará por pudrirse nunca y nunca veremos necesario uno nuevo.
No sé, tampoco, el porqué de este monumento funerario. Quizá alguien haya querido ver el lado ascético de la cosa, el recordatorio de la muerte. O a lo mejor le haya venido a la mente la desnudez de las piedras, el conjunto armónico con eso que llamaba Unamuno “el dermoesqueleto” de Ávila… Todo esto sería muy lírico y ensoñador si fuese cierto; si la ascesis fuera algo así como quitarle las mondas a las naranjas o a los árboles o como si las piedras tuvieran en su significado más oculto algún tipo de desnudez. Todo ello forma parte del timo del lenguaje al que se nos ha acostumbrado; a que llegue un fulano con una frase mágica y la peroren luego los seguidores. El árbol, el simbólico árbol, el del Cantar de los Cantares, el del Edén, el de los debates medievales, el genealógico, el ciprés de los cementerios… es siempre frondoso y vivo. Incluso al abeto navideño gana cierta vida en los salones. Pero a estos troncos que han quedado en las calles, frente a la Santa, frente a San Vicente, no sabe uno muy bien qué significado sacarles, menos aún qué utilidad: no dan sombra, no dan fruto, no hermosean, no tienen valor monumental. Es decir, han perdido su condición de árbol, son otra cosa, no sabemos muy bien qué.
Quizá haya perdido uno su sentido lírico, si alguna vez lo tuvo. Al fin y al cabo, todos sabemos que la poesía ha muerto. Si es así, quizá no sepamos entender esta nueva belleza de la madera. Quizá alguien que lo entienda conteste en estas páginas y nos lo haga comprender a todos. Mientras, uno pide un par de árboles, sólo eso, algunas hojas y algunos pajarillos frente a las iglesias, y, sobre todo, no tener que acudir a la semiótica para entender, a estas alturas, qué es un árbol.![[Img #4453]](upload/img/periodico/img_4453.jpg)




carlos | Viernes, 28 de Septiembre de 2012 a las 09:32:44 horas
¡¡¡Qué poco se valora, en las tierras de pan llevar, la presencia del arbolado¡¡¡¡ Ni siquiera cuando desaparece se corre presto a restaurarlo¡¡¡¡ mágnifica la reflexión, felicidades al autor.
Accede para votar (0) (0) Accede para responder