Los dos conejos

Alfredo Rodríguez Blázquez

Ha cambiado tanto el escenario político y electoral en un año, que hoy podemos afirmar que los partidos políticos ya no tienen suelo y por tanto carecen de posiciones sólidas.

El bipartidismo no ha muerto, pero se le han añadido dos formaciones que han agujereado el suelo de populares y socialistas. Por eso todo es posible el próximo 20-D, incluido el sorpasso. Y de todos los actores, el que más difícil lo tiene, con diferencia, es el PSOE. Y para que haya aún mayor suspense, un nuevo eje se ha introducido en la campaña: la secesión de Cataluña.


Lo acontecido durante este último año, me ha recordado la fábula de Iriarte que algunos titulan “los dos conejos” y otros, “galgos o podencos”. Para quién no se acuerde de ella o para quién no la conozca, la fábula cuenta la historia de dos conejos que se entretenían discutiendo sobre si los canes que les perseguían eran galgos o podencos. Tan enfrascados estaban en su disputa, que cuando quisieron darse cuenta los canes llegaron hasta ellos, con las consecuencias fatídicas que todos nos imaginamos. Y algo parecido les ha pasado a populares y socialistas, que mientras se entretenían en el “y tú más”, en gobernar parte de la vida de la gente, pero sin pensar en la gente, han llegado dos canes a la carrera para sacarles de su madriguera. Como los dos conejos de la fábula, olvidaron lo importante (la gente) para centrarse en su disputa, y ahora han tenido que salir de su escondrijo para no ser engullidos. La carrera ha empezado a campo abierto. Y en ella parece que uno de los canes, Ciudadanos, tiene a tiro de bocado a los dos conejos, sobre todo al socialista. Podemos se ha quedado un poco rezagado porque se le está haciendo muy larga la carrera y aún no sabemos si su fisonomía se corresponde con la de un galgo, un podenco o un doberman.


En el PP, el mantra de la recuperación económica monopoliza su discurso, y al ver lo que dicen los sondeos, muchos se lo toman como una afrenta, pero es que ellos, al igual que una parte importante de la sociedad, no han sufrido en sus carnes  los embistes del morlaco, ni su fría mirada, ni han visto pasar a milímetros de su estómago los pitones del miura. Ahora toca conformarse con lo que decida la ciudadanía, al igual que ésta ha tenido que sacrificarse antes por lo que decidió el Gobierno del PP.


En el PSOE creyeron que la gente acabaría por devolverles el voto, pero su pasado pesa más que su presente. Ellos fueron los primeros en aplicar las políticas de recortes y austeridad en este país, algo que la memoria de la gente no olvida. Parece que ahora si habrá dinero para todo cuanto prometen, pero la gente tiene la piel muy fina y sabe que en campaña los partidos pagan todo cuanto se necesita con dinero del Monopoly. Apelan al voto útil, que en el fondo no es más que un principio lampedusiano: “que algo cambie para que todo siga igual”. Ahora, su espacio natural: centro e izquierda, tiene muchos outsiders. Esa es su encrucijada.


Ciudadanos, en estos momentos, es un estado de ánimo, una fuerza ascendente que aglutina a todos los desencantados que votaban con la nariz tapada a populares o socialistas. Son aire fresco y huelen a colonia, aunque no sabemos aún si es cara o barata. Ha llegado en el momento justo y con los argumentos necesarios para posicionarse como alternativa de poder.


Podemos quiere de nuevo seducir, emocionar, pero su discurso parece agotado de tanto usarse. Jugando con el lenguaje se puede explicar así: Podemos pudo, no está claro que pueda, y parece que no podrá. Es como una caja vacía donde cada uno podía meter sus sueños, pero muchos han visto que la caja estaba llena de realidades… y se marcharon.


Como decía Salomón, nunca hay nada nuevo bajo el sol. Es tiempo nuevo, tiempo para que se nos ilusiones desde la inteligencia y de que no nos manipulen desde la emoción.

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