Día Sábado, 25 de Julio de 2026
La nueva obligación de los padres
El padre estaba cansado, recién llegado de vacaciones, todavía sentía el nerviosismo y agotamiento que producen seis horas de coche y dos niños de siete y nueve años chillones e inquietos.
La mujer, ni alta ni baja, ni fea ni guapa, cansada, contemplaba la tele del bar como si de verdad le interesaran los juegos olímpicos. Afuera el tiempo lluvioso y desapacible había transformado el soñado día de playa en una reunión familiar con toda la tragedia que ello conlleva.
Los niños querían jugar al futbolín, pero no querían jugar solos, a pesar de los ruegos del padre y las débiles protestas de la madre, los niños exigían que los padres también jugaran.
La escena me interesó, en cierta forma, no dejaba de ser una lucha entre dos facciones por ver quién era el macho dominante, vamos, en el fondo estaba en juego quién llevaba las riendas de la familia. Evidentemente en otras épocas la solución estaría clara, un leve alzamiento de voz del padre o de la madre obligaría a los cachorros a jugar solos con la advertencia de que al menor desmán o molestia se acabó el futbolín y probablemente deberían buscarse la vida fuera, a pesar de la lluvia y con la cara bien abanicada.
Ahora, la cosa no estaba clara, el imperativo modo de hablar de los chicos y las profusas explicaciones de los padres sobre su cansancio, dolor de cabeza y la poca afición al futbolín hacían presagiar un desenlace quizás distinto.
A mi vera un viejo pescador seguía la escena con el mismo interés que yo, un leve gesto de complicidad me hizo entender que él ya tenía su apuesta decidida.
El mayor de los niños, harto de la dilación, levantó la voz y, dirigiéndose a sus padres les comunico que a ellos nadie les había pedido su opinión sobre las vacaciones, así que “ya que nos habéis traído vuestra obligación es divertirnos”, los padres meditaron el argumento y tras bovina mirada, introdujeron la moneda.
Posteriormente los volví a ver en la playa jugando al futbol, a las palas… siempre con los niños, ejerciendo de hastiados monitores de tiempo libre.
Otros padres hacían lo mismo y en las sombrillas, ajenos y náufragos reposaban los libros que no leerían, el periódico deportivo apenas ojeado, y junto a ellos vislumbré las sombras en las que se convertirían 30 ó 40 años después, en la casa de misericordia, melancólicos y solos, pues sus hijos estaban con sus nietos en un sitio lluvioso de Galicia jugando al futbolín.



Neruda | Viernes, 08 de Febrero de 2013 a las 00:33:07 horas
Querido Luis, me entristece comprobar el bajo nivel lector de algunos lectores tuyos. No se han enterado de nada, pero de nada. Que tristeza da ver tanta estulticia.
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