Del Sábado, 07 de Febrero de 2026 al Domingo, 08 de Febrero de 2026
Monedero: el precio marca la diferencia
Cuando un político quiere dividir en dos bloques antagónicos a la sociedad: “los de abajo contra los de arriba”, utiliza términos sencillos de entender que identifican con claridad al enemigo: casta, oligarquía... que, en el argot de la calle, son los que se lo “llevan”.
Pero al dividir así a una sociedad, muchos ciudadanos caemos en el “error” de fijarnos en el precio para saber si pertenecemos a los de abajo o a los de arriba. Y para las personas que ganan menos de mil euros -hoy día millones-, para los parados, pensionistas, para todos los que la crisis ha dejado en la estacada; las personas que son capaces de facturar por sus trabajos 425.150,00 euros -cantidad que muchos no ganarán durante toda su vida trabajando- se perciben como parte de esa minoría perteneciente a los de arriba. Quien defiende al pueblo y critica con dureza, no exenta de rencor, a la casta, por aprovecharse de un sistema que permite su enriquecimiento a costa del ciudadano -cosa que es cierta-, no puede permitirse el lujo de vender sus conocimientos a otros, cobrando los mismos honorarios que los de arriba. Y menos aún, justificarlo diciendo que el mercado -al que culpa y desprecia- es lo que paga por trabajos de asesoría política.
Hoy, es verdad, son los poderes financieros los que gobiernan la nueva aldea global, poderes que nadie vota en las urnas, pero los grandes beneficiados de esta gobernanza son personas, personas como el señor Monedero que aceptan cobrar unas astronómicas cantidades de dinero por trabajos encaminados a establecer sociedades más “justas e iguales”. Da igual que el dinero cobrado sirva para pagar sus informes o sirva para otra cosa. (Bueno… No da igual, pero para el objeto de este artículo tanto da).
Estas cosas pasan: quienes defienden la justicia social, la igualdad, los que en teoría quieren devolver el poder al pueblo -sabiendo mejor que nadie que ningún gobierno se convierte en pueblo- no ponen reparo alguno en cobrar cifras de dinero solo al alcance de todos los que se benefician del sistema. Y es que, en el fondo, no dejan de ser personas, personas como los demás, ni mejores ni peores, y mucho menos distintas. En la vida hay una ley universal que está por encima de todas, la de la naturaleza humana: siempre habrá gente buena, gente mala, y gente interesada, lo que hace que nunca pueda haber sociedades justas y mucho menos iguales.
Predicar las maldades del sistema es lícito, y además tiene razón quién así se expresa, pero posicionarse con los de abajo y cobrar como los de arriba, como poco es una irresponsabilidad social y ética, además de una gran incoherencia política. Quién así actúa es culpable, culpable de romper la esperanza de algunos que no tenían razones materiales para tenerla y la habían encontrado, culpable de difuminar la ilusión de muchos, culpable de conquistar voluntades que acaban convirtiendo a los sentimientos en soberanos y a las soluciones en súbditos. Quién sacrifica sus principios ideológicos para conquistar el voto acaba pagándolo, porque como dijo Maquiavelo: “a través de sus palabras y de sus hechos hemos de inferir los propósitos que esconde el príncipe".
Un día en política es un año y un año una eternidad, tiempo de sobra para que todos los que de buena fe creen en los líderes, descubran, a través de sus palabras y de sus hechos, que un pueblo nunca dejará de serlo y jamás se convertirá en gobierno. Y es que como dijo el filósofo: "hay que creer a los que dicen que buscan la verdad, no a los que aseguran haberla encontrado".





Uno | Sábado, 21 de Marzo de 2015 a las 13:18:59 horas
Las etiquetas se ponen y se aceptan o se rechazan en base al conocimiento de si son adecuadas en función del animo y este se basa en el conocimiento,por eso cuando se pide pulcritud a unos y se tolera la impostura para otros cercanos ideologicamente se incurre en contradicción palmaria que destruye toda credibilidad,que se basa en medida y frecuencia...ES MUY SIMPLE un hecho no es una costumbre a no ser que se repita,y la corrupcion es costumbre.
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