Del Viernes, 05 de Junio de 2026 al Domingo, 14 de Junio de 2026
La mafia, la Gürtel y el sistema
Allá por los años treinta del siglo pasado, Longy Zwillman, capo de la familia Luciano de Nueva York, montó una empresa con sede en la ciudad portuaria de Nueva Jersey, cuyo único objetivo era el de ser adjudicataria de un concurso público que las autoridades iban a licitar para pavimentar, y mantener durante veinticinco años, los muelles del dique del puerto de la ciudad.
Con los “métodos propios” de Cosa Nostra, y la ayuda inestimable de Meyer Lansky, el hombre de las finanzas de la familia, dicha empresa resultó ser la adjudicataria del concurso, lo que hizo que la familia ganase millones y millones de dólares de los de entonces.
Como es “lógico”, los costes previstos para la pavimentación y mantenimiento de los diques se iba multiplicando por dos, año a año, lo que sirvió para que muchos altos cargos de la administración y muchos políticos vieran como por Navidad, les regalaban sobres llenos de dinero en vez de cestas navideñas.
La trama Gürtel en España me ha recordado este pasaje que leí en un magnífico libro de Eric Frattini, cuyo título exacto no recuerdo pero sí que hacía un repaso a cien años de historia de la mafia en Norteamérica. En el fondo, si ustedes eliminan de su cabeza el puñal y la pistola, los instrumentos mediante los cuales vivían y morían los hombres hechos de Cosa Nostra, la presunta trama española es más de lo mismo: cohecho, sobornos, sobres, adjudicaciones de contratos públicos, y sobre todo financiación para un partido que ha visto como su tesorero, el hombre fuerte de las finanzas, ha acabado en prisión, en espera de juicio.
En esta misma sección de 'Miradas', escribí un artículo hace meses titulado 'La mafia, los eres andaluces y el sistema', que empezaba con un pasaje también real de lo que ocurrió con el Sindicato del Transporte en EEUU y los métodos que empleaba la mafia para financiar la construcción de los casinos de Las Vegas. El final de dicho artículo vale igual para éste, ya que un sistema enlodado por una corrupción institucionalizada solo puede verse limpio si se cambian las reglas de juego, y no las leyes. Cambiar las reglas del juego tiene que ver con acabar con la partitocracia que se ha instalado como sistema democrático. Tiene que ver con cambiar la ley electoral vigente, con la financiación pública de los partidos, sindicatos y patronal y con devolver al pueblo la libertad de elegir realmente a sus representantes, porque ahora quién realmente lo eligen son los partidos políticos y no nosotros.
Es hora de que las reglas de juego (la Constitución) se modifiquen. El ejemplo más claro de la importancia de reformar la carta magna nos la dio, hace más o menos dos siglos, la Asamblea francesa, donde en su artículo final dejó bien claro que la constitución que se daban debería ir modificándose en el tiempo, porque las generaciones de hoy no podían hipotecar a generaciones futuras.
Y es que la clave para que Gürtel, Eres, y demás casos de corrupción organizada desaparezcan, es legislar contra el uso y no contra el abuso. Pero para ello se necesita primero adecuar el marco de la norma constitucional de la que emanan todas las leyes.




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