En Santa Cruz de Pinares

Los vecinos de la casa yihadista: "nunca vimos nada raro"

Carlos de Miguel Miércoles, 18 de Junio de 2014 Tiempo de lectura:

Los vecinos de la parcela de Santa Cruz de Pinares donde se reunía un grupo de yihadistas nunca habían visto nada extraño allí.

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Lo que único que saben es que se trata de una familia que acude de vez en cuando, algunos fines de semana. Un hombre árabe, su esposa española y dos niños, según el matrimonio vecino. No tenían relación con ellos, pero como tampoco la hay con los de otras casas, segundas residencias, distanciadas y cuyos habitantes no tienen allí su vivienda habitual.

 

Lo cuentan Vilma y José, cuya parcela, en la urbanización Bernabé, limita con la que fue registrada el lunes.

Ahora la mayoría de casas están vacías, y Vilma se impresionó cuando al salir a barrer la terraza se encontró media docena de coches policiales. "Hay alguien muerto", sospechó, y se lo comentó a su esposo, pero el hermetismo era la tónica por parte de la investigación.

 

Escondida
La parcela registrada, a las 9 horas por la Policía y dos horas después en compañía de su propietario, tiene unos 1.200 metros cuadrados y se encuentra escondida, ya que para acceder a ella hay que entrar por una calle sin asfaltar, pero desde la que no se aprecia su puerta. Además, cuenta con abundante vegetación de pinos y arizónicas.


A diferencia de la de sus vecinos, impoluta, la otra parcela se observa que no es habitada con frecuencia. Cuenta con una casa prefabricada con las persianas bajadas, un garaje de piedra y otra construcción sobre la que se asienta una terraza, aparte de la piscina. A un lado, tras una pendiente, el arroyo Horcajo.


Incrédula, un día después, Vilma da vueltas al asunto y, un día después, no da crédito que, justo la casa donde se reunía una célula yihadista sea la situada al lado de la suya: "¿cómo es posible, si no he visto nada ahí?".
Relata que a veces entraba más gente, pero "como en todas las casas de la zona, que llegan a las barbacoas"

 

Sin entrenar

Nunca observaron  a nadie "entrenar para combatir" y dudan que lo pudieran hacer en una parcela de esas dimensiones.


Cuando vieron las imágenes en televisión, reconocieron la cara de su vecino en el hombre que salía de su casa en Madrid esposado y decía a su hijo, que se encontraba en el balcón, que "era un error" y se tranquilizase.


Entre el nulo contacto entre los propietarios, el matrimonio madrileño recordó que hace un año hablaron con el vecino porque las arizónicas entraban en la parcela. Le propusieron pagarlo a medias, pero como no respondió decidieron cortarlas ellos.

 

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