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Diego Hernández Gil
Domingo, 4 de diciembre de 2016

Diferentes lecturas y miradas frente a los mismos hechos

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Hacía tiempo que no retomaba el saludable hábito de la escritura. O bueno, mejor dicho, de mi ansiada manía por escupir unas cuantas palabras para intentar tratar un tema. Sin duda, es algo que se vuelve más dificultoso, por el hecho de admitir lo disoluto que puedo llegar a ser. Sí, curiosa manera la de definirme e incluso, resulta peligroso el hecho de mi desnudez. De mi desnudez en el papel mediante la palabra. Pero dejemos de ser vivarachos y pedantes e, intentemos centrar al valiente lector que haya decidido participar en este debate.

Desde luego que ustedes han leído bien. Pretendo abrir un debate. Es lo que siempre intento una vez me dispongo a escribir con mi teclado. Me gusta la polémica. ¿Para qué negarlo? ¿Tiene algo de malo el hecho de disfrutar con el buen uso de la palabra debate?  Menudo capullo intento de erudito estoy hecho. No obstante, sigamos con el camino que he empezado.


Este camino que dejé un poco aparcado en el verano y, que al no ver nada reseñable (más allá de lo esperado). Lo digo bien claro, no he visto nada reseñable por suceder “el discurso esperado”, pese a que la fórmula de la ejecución no lo fuera tanto. Sí, se descabezó al señor Sánchez, como así lo hicieran los gabachos con sus monarcas, pero sin ser en fervor de un poder “popular”, sino más bien de un partido impopular en cuanto a la atención que merece al pueblo, a la sociedad o al individuo de a pie.


Sin embargo, no me quiero detener en esas disputas para no marear al lector con lo ya tan repetido. Bastante ya ha sufrido el pobre público frente a los diferentes actos escenificados en el marco parlamentario. Además, ni soy ni pretendo ser por el momento un analista. Me apetece ubicarme en el instante vivido en esta semana, que ha finalizado con tres muertes de tres figuras conocidas y vociferadas por los medios de comunicación. Sin duda, me refiero a las muertes de Rita Barberá, Marcos Ana y Fidel Castro. Quede claro que escribo sin ningún ánimo perverso.


Siento ser cansino, pero no quiero herir a nadie. Mas, reconozco que tengo una pequeña visión y, espero (es el interés de esto que escribo), que todas las personas tengamos una visión propia. Difícil poseerla cuando quienes hacen uso de sus medios de comunicación como un mal encarado escenario de títeres, con el “único propósito” de llevar un mensaje, más allá de obtener ganancias. Con la palabra medios de comunicación, hago hincapié a los mencionados medios de masas o grandes medios de comunicación. Esos medios que obviamente se acercan al comunicado de la gran empresa y su propia forma de entender la vida y el mundo. Esa curiosa forma de entender la película, que desconozco si tiene mucho o demasiado que ver con la propia vida del españolito o de la españolita de la media. Ese target al que se pretenden dirigir con el nombre en sus diferentes vertientes de audiencia, lectores, público, oyentes o en ocasiones, ciudadanos.


A este humilde público no quieren llevarlo a la necesidad de aprender por vía propia. No, no sean ingenuos. Quieren inculcarles lo que interesa. Lo que les interesa a ellos, lo que les generan divisas. El juego del marketing entra en acción en declive interesado y ocasionado desinterés del conocimiento metafísico. Esto es, no se quiere que aparezca el contramensaje o la segunda opinión o mirada alternativa a lo transmitido. O no lo parece. Ya lo sabéis que no sólo pasa en la forma de entender estas tres muertes y, cómo quieren que sean reaccionadas por los destinatarios. Se nota cómo se han transmitido y seguido por las mismas. A nuestro pobre poeta revolucionario, Marcos Ana, me temo que lo han sacado poco. Y no es casual ni accidental. Sólo los medios que salen de la trama convencional muestran algo más.


Más allá de la personalidad de las tres personas fallecidas, es notorio que sobresale el interés por la señora Barberá y por el cabecilla de la Revolución Cubana frente a la figura de Marcos. Una por su controvertida e investigada labor en la capital del Turia y, el otro por su enfrentamiento y victoria frente a una dictadura que diezmaba las vidas del pueblo cubano. Siento no poder ser objetivo al no ser vidas ajenas para nadie. Tampoco lo son para mí. Parece difícil intentar ver sus vidas si sólo nos ceñimos al mensaje digerido por los informativos y las redacciones de los mass media. Lo es. Pero, querido lector, no te quedes parado y, tómate la molestia de investigar por tu cuenta. No te dejes contaminar.


En fin, no quiero hacerles perder más el tiempo. Sólo quiero que reflexionen, que intenten buscar la realidad. Aunque es notablemente difícil hallar la realidad. No tanto si recuerdan que cada uno debemos tener una y, no la opinión que pretenden unos cuantos. Pensar durante mucho tiempo fue perseguido. Aún lo sigue siendo. Sean valientes y no se queden con el discurso de esos grandes grupos empresariales. Informarse no es abrir sus periódicos y escuchar los matinales, quedándose sólo con ese mensaje. La cultura es un camino que nunca debe acabar. Es algo fatigante por aquello de la constancia. Sí lo es. Pero no mueran en el intento. Vayan más allá e intenten ver por sus ojos. Mi visión es mía y, por tanto, yo no sé si me veo con ganas de hacer un homenaje a quien se ha reído de la sociedad valenciana, de la que quieren sacar rédito económico sus antiguos compañeros a la vez que mueren, por casualidad, piezas importantes del caso investigado. A la vez, me es difícil indagar más en los aciertos y errores que la figura de Castro pudo tener si sólo me quedo con lo que me diga el medio de más alto postín. Yo me informo, como puedo, y, estoy sin lugar a duda orientado dentro de mi forma de ver y entender la vida. Ustedes tendrán las suyas. Eso espero.

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3 Comentarios
Fecha: Sábado, 10 de diciembre de 2016 a las 12:17
Lolo
La ambigüedad otro de los grandes problemas
Fecha: Lunes, 5 de diciembre de 2016 a las 17:45
Cervantes
Que horror de texto: pedante, farragoso, insustancial...
Fecha: Domingo, 4 de diciembre de 2016 a las 22:03
Pero hombre,....
Además de hablar de sí mismo y sus circunstancias, este hombre dice algo coherente? No tiene ni pies ni cabeza. Espero que este no se censure. Gracias

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